Todo mi profundo corazón envenenado por el ayer sigue latiendo despacio motivado por la sangre caliente que recorre mis venas.
Todo mi ser se pierde hoy en el invierno,
abandona mi cuerpo,
me deja perdida en un envase vacío.
Mis ojos son dos esferas que ven pasar sus sueños como estrellas fugaces
que se pierden en el inmenso espacio inexplorado que, según creo, está lleno de nada.
Vacío, al vacío salto.
Nunca me crecieron las alas que una vez te dije que iba a tener.
Esa niña que padecía de amor y que todavía querés murió desde que la dejaste en manos de cualquiera.
Esto que soy es lo que no te gusta, no sirvo para que sigas jugando.
Mis manos se secan y se endurecen mientras mi pelo se quema.
Este retrato que pinté sentada tantos años imaginándome
ahora es una pieza manchada y rota que no sirve de lienzo para secar mis lágrimas.
Me extravié,
mi mente quedó aplastada en medio de ese libro en el que te reflejaste vos.
Dormiría eternamente si el precio de despertar es ver las ruinas de lo que quedó de mi.
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