en el caos incesante de mi mente,
y en el silencio vacío de un hogar desierto,
mis lágrimas se helaron, frías como el mármol,
solo quedaba rezar,
a la espera de una salvación que nunca llegaba.
era tanto el dolor,
una marea oscura que me arrastraba,
que la calma se desvanecía,
impotente ante el fuego que quemaba sin llama.
abrí la ventana del balcón,
buscando consuelo en el canto de las aves,
queriendo disipar la sombra
que oscurecía mi alma.
el cielo, un lienzo celeste,
me devolvió la paz que creía perdida.
el sol, como un beso cálido,
acarició mi rostro,
y me senté en la vieja silla,
dejando que su luz penetrara mi tristeza.
miré al sauce,
solitario en su danza con el viento,
sus hojas, como lágrimas,
bailaban al son del susurro del aire.
y pensé:
"quisiera perderme en la eternidad de la naturaleza".
recordé los sentimientos que había dejado atrás,
y en ese instante, la felicidad volvió a florecer.
el amor recorrió mis venas,
como un río que despierta de su letargo,
y mi aprecio por las estrellas y el mar
me abrazó nuevamente,
en la naturaleza encontré mi refugio,
mi lugar eterno en este universo abrumador.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.

-reduced-if44rd.jpeg)
Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in