Tras el estallido que dejó la colisión de nuestras órbitas,
siento que tu presencia aún persiste.
Las notas de tu voz se deslizan y atraviesan el aire,
se hunden y se asientan, reposan empapadas impregnándolo todo.
Y el espacio que ocupo
se convierte en el espacio que te pertenece.
Y cuando ocupo ese espacio,
vos, a su vez, me ocupás a mí.
Hasta que
los retazos sueltos de vos
se queden atascados entre mis dientes, y
pueda sentirte escondido bajo mis uñas.
Te respiro y te exhalo, pero
sé que tu polvo aún cubre mis pulmones.
Llevo meses tosiendo para expulsarte.
La frecuencia de tu voz y
tu particular entonación
bastan para calmar mi anhelo por un tiempo.
Los restos bajo mis uñas no pueden hacerme reír.
Los pedacitos atrapados entre mis dientes nunca me desafían lo suficiente.
Y sé, en el fondo, que no hay nada que pueda hacer.
Y el polvo dentro de mis pulmones no podrá convertirse en vos.
Pero voy a seguir intentando, y no me voy a detener.
Seguiré intentando y
seguiré intentando.
Seguiré.
Voy a encontrar el resto de vos en algún lugar,
allí donde el cielo toca el horizonte.
Recogeré todos los pedazos hasta que estés acá, al lado mío.
Como siempre supe que ibas a estar.
Porque aunque sé que todos estos fragmentos
nunca llegarán a formar un todo,
cuando los siento en mis manos
sé que sos real.
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