mobile isologo
search...

Reseña Glosa - JJ Saer

Mar 27, 2026

115
Reseña Glosa - JJ Saer
Start writing for free on quaderno

Bueno, primero quisiera comenzar aclarando que no soy ningún profesional de la materia, sino un simple y orgulloso lector. No tengo la costumbre de reseñar, sino más bien me limito a emitir mis juicios de valor sobre un determinado libro, cuando la oportunidad y el receptor se presentan, siempre o casi siempre mediante la oralidad. Esta excepción en la manera regular de transmitir mi opinión, se debe a que con Glosa he tenido así como una suerte de revelación, que  llevó finalmente a decidirme reseñar ciertas lecturas para recomendar a quien guste de leer porque me parecen joyitas. Primero que nada aclarar (y agradecer) que llegué a esta novela de Juan José Saer gracias a un episodio del podcast Aprender de Grandes, en donde Martín Kohan como invitado la menciona y explica también porqué se maravilló al leerla por primera vez. Admito también que no soy alguien que se deja guiar frecuentemente por recomendaciones, prefiero ir haciendo mis propios descubrimientos azarosos que luego conecto de alguna manera, pero Kohan, que previamente había hablado de Borges y de cómo se encaró la escritura luego de él, siendo Saer de los pioneros en llevar a cabo este, si se me permite, parricidio, me pareció que era apropiado leerlo. Dado que Borges me fue maravillando de a poco, hasta llegar a un punto donde todo lo que me llegaba para leer, directa o indirectamente, estaba relacionado con él, me pareció que era una bueno idea leer a alguien que en teoría había podido dejarlo atrás sin esquivarlo, sino todo lo contrario, usando algunos de sus artilugios y creando algo totalmente distinto, al darle, como se suele decir, su impronta.

Glosa es una novela de 1986, ubicada, como casi todas las del autor, en Santa Fe, y que cuenta la historia de Leto –Ángel Leto, ¿no?–, quien sale de su casa por la mañana para ir a dejar unos libros de contabilidad, pero luego de subirse al colectivo, unas repentinas ganas de caminar lo hacen descender, para adentrarse en la avenida comercial bajo la mañana soleada. En ese recorrido se encuentra con el Matemático, un conocido/amigo, y conversan sobre el cumpleaños de Washington Noriega, un amigo en común, al que ninguno de los dos ha asistido: el Matemático porque estaba demasiado lejos en Europa, y Leto porque, no sin antes intentar convencerse, sin éxito, que la invitación estaba implícita, no lo invitaron.  En esta trama aparentemente fugaz, donde el presente de la narración pareciera no contar demasiado, es donde Saer se las ingenia para hablarnos del lenguaje, los recuerdos, la memoria, y hacer referencias a la dictadura, sumergiéndonos de a ratos en rincones oscuros de la historia. ​​​​​​​

La novela está dividida en tres partes: las primeras siete cuadras, las siete cuadras siguientes, y las últimas siete cuadras. Durante las veintiún cuadras que dura el relato, el narrador, como un dios, atraviesa la conciencia de los personajes, sus ideas, va y viene en el tiempo y en el espacio, en los pensamientos que logran formular con palabras, y en los que no, que quedan en ese estado no dicho pero que efectivamente comunican. Lo que también me llevó a hacer una reseña, fue que hace mucho no leía algo que me vuele la cabeza, a tal punto de tener la necesidad de contárselo a alguien o plasmarlo en algún lado. La última vez fue con Borges y aún no salgo del todo de ese asombro, y no quiero salir tampoco.  Una de las tantas razones por las que me voló la cabeza, fue esa manera de narrar en donde a medida que se narra, se describe, y en esa descripción casi obsesiva, pude adentrarme tanto en la historia que luego esos escenarios, de alguna manera, forman parte de uno mismo, tan reales, o quizás más, que la realidad misma. Luego de comenzar una oración, entre opiniones, adjetivos, descripciones, comas y más comas, va generando una tensión que por lo menos en mi caso, ha surtido una especie de efecto hipnótico, que me hace querer seguir leyendo hasta encontrar, finalmente, su predicado. Admito que muchas veces me perdí de sujeto y tuve que volver a empezar, pero lo ví como una manera de ejercitar la paciencia.

_______________________________________________________
“Ha, entonces, bajado, no sin entrechocarse en su apuro con algunos pasajeros que trataban de subir, generando en ellos una ola efímera de protestas indecisas, ha esperado que el colectivo azul arranque y, metálico, atraviese el bulevar en dirección al centro, ha cruzado, atento, las dos manos del bulevar separadas por el cantero central, mitad jardín y mitad embaldosado, sorteando los coches que corrían, plácidos y calientes, en ambas direcciones, ha llegado a la vereda opuesta, ha comprado en el quiosco de cigarrillos un paquete de Particulares y una caja de fósforos que se ha guardado en los bolsillos de su camisa de mangas cortas, ha recorrido los pocos metros que lo separaban de la esquina, a la que ahora acaba de llegar, doblando y comenzando, de cara al Sur, en la vereda Este, es decir, a esa hora, la de la sombra, a caminar por San Martín o sea la calle principal, las dos veredas paralelas que, a medida que van llegando al centro, se van abarrotando de negocios, casas de discos, zapaterías, tiendas, sederías, confiterías, librerías, bancos, perfumerías, joyerías, iglesias, galerías, cigarrerías, y que, en los dos extremos, cuando el grumo de negocios se adelgaza y por fin se diluye, exhibe las fachadas pretenciosas y elegantes, incluso, algunas, por qué no, de las casas residenciales, no pocas de las cuales se ornan, a un costado de la puerta de entrada, con las chapas de bronce que anuncian la profesión de sus ocupantes, médicos, abogados, escribanos, ingenieros, arquitectos, otorrinolaringólogos, radiólogos, odontólogos, contadores públicos, bioquímicos, rematadores —en una palabra, en fin, o en dos mejor, para ser más exactos, todo eso.”
_______________________________________________________

Otra de las cosas que me maravilló, fue la constante reflexión sobre la memoria, el lenguaje, y la construcción de la realidad. A partir de la repetición de fragmentos dispersos, genera una experiencia de lectura que se asemeja mucho al recuerdo real, con todas sus falencias y reconstrucciones. Como que te invita a tomar un lugar activo, y agarrar todos esos recuerdos fragmentados para que vos formes la imagen en tu cabeza. 

_______________________________________________________

"Había comprado tres botellas de vino blanco. Por si faltaba, dice el Matemático. Siempre tiene miedo de que falte. Según Botón, y, desde luego, según el Matemático, ¿no?, como no debían ser más de las cinco y el sol estaba alto todavía, y Basso, el dueño de la quinta, acababa de levantarse de la siesta, se habían ido al fondo y se habían puesto a puntear. Basso según el Matemático tiene un huerto biológico, cría gallinas y, con unas rentas que le dejó la abuela materna, puede vivir sin trabajar. Leto, que no conoce ni a Basso ni a Botón ni nunca ha estado en esa esquina, ve dos tipos punteando tierra negra, contra el sol declinante de un fin de invierno benigno, en el fondo de un patio cuya imagen proviene, sin que él mismo se dé cuenta, de dos o tres quintas diferentes a las que ha ido, desde que se mudó de Rosario, en Colastiné y en Rincón. Y el lugar en el que esa quinta se levanta, como el nombre de Colastiné abarca una extensión material que excede por lejos su experiencia, es un punto aproximativo, un poco fabuloso, que Leto ubica, sin saber por qué ni tampoco preguntárselo, en una zona fronteriza entre su experiencia y los muchos fragmentos puramente imaginarios que incluye la palabra Colastiné y que él nunca ha visitado.”
_______________________________________________________

Otra aclaración importante que habría que hacer (según Kohan), es que esta novela, con apariencia de ser puramente del lenguaje, es una novela fuertemente política. La dictadura, presente como una sombra alargada, se manifiesta en estos cambios bruscos de tono, donde la poesía deja paso a una realidad cruda, marcada por la violencia y las desapariciones.

_______________________________________________________

“El año anterior, en mayo, Washington ha muerto de un cáncer de próstata; en junio, el Gato y Elisa, que estaban viviendo juntos en la casa de Rincón desde que Elisa y Héctor se separaron, han sido secuestrados por el ejército y desde entonces no se tuvo más noticias de ellos. Y para los mismos días, aunque se haya sabido un poco más tarde, Leto, Ángel Leto, ¿no?, que desde hacía años vivía en la clandestinidad, se ha visto obligado, a causa de una emboscada tendida por la policía, a morder por fin la pastillita de veneno que, por razones de seguridad, los jefes de su movimiento distribuyen a la tropa para que, si los sorprende, como dicen, el enemigo, no comprometan, durante las sesiones de tortura, el conjunto de la organización. Y Leto ha mordido la pastilla.”

_______________________________________________________

Estoy escribiendo esta reseña varios meses después de haberla leído, por lo que hay muchos tópicos por los que me hubiese gustado adentrarme, pero ya no los tengo tan frescos. Siento que es una novela que puede releerse constantemente y seguir encontrándole sentidos, hacer nuevas conexiones, tiene mucho para leer entre líneas. Otra aclaración que me gustaría hacer, es que después de haber leído Glosa, tuve la necesidad imperante de leer más de Saer, y salvo pequeñas excepciones, descubro que toda su obra está interconectada mediante sus personajes, o sus espacios en común, por lo que no es extraño volver a encontrar varios de los mismos personajes que aparecen acá, en otras novelas, o en otros cuentos. Luego de Glosa estuve leyendo algunas novelas más de él, que si encuentro tiempo también me gustaría reseñar.

Si alguien lo leyó y le gustaría aportar algo, bienvenido sea.

Graciela (?)

 

 

Elias Vega

Comments

There are no comments yet, be the first!

You must be logged in to comment

Log in