La culpa los pecados no lava,
ni tampoco purifican,
siempre vas a estar mirando
por encima de tu hombro
y en las noches escuchas
el crujir de las lenguas de fuego
que lentamente devoran
tu rastro de sangre y gasolina.
Aún muerto nuestro cariño,
el cuerpo se arrastra fuera de su tumba
y pide casa, pide aniquilación,
pero no se dará,
no hay manos que sostengan tu rostro
no hay heridas abiertas
que de su sangre puedas hacer vino.
Estás hasta los codos
y no hay más remedio que sumergirse,
porque los mismos labios
que escupieron a matar
ahora se tragan las balas
y sangran, sangran como nunca
porque mí nombre en ellos quedó tatuado.
Y no, no fue,
no será
ni jamás podrá ser más que un fantasma vagando en un hueco,
un hueco que tememos jamás llenar,
no viviremos juntos,
no voy a besarte antes de irme,
no vas a decirme buenos días
ni buenas noches
ni nada más,
y ahora vuelvo a escribir,
porque ya no hay nada hermoso
que me trabe la lengua,
no fue y no será.
Yo hice mí paz con eso,
con la calidez y las siluetas juntas muriendo,
con la mirada perdida,
con la garganta llena de espinas.
Ahora que la llama se apagó
y nos dejó con quemaduras,
ahora que ya no va a haber alguien
que mire al barranco de dónde te tiras,
ahora que ya no tenés tu amor partido en dos
y ahora que mí vida seguirá adelante,
lo suficiente como para que
ya no tengas ni nombre ni mención en mi historia,
ahora que ya estamos los dos solos
y no hay mujer a quien probar la verdad,
¿pudiste vos hacer tu paz con eso?
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