La puerta semiabierta
detrás, una catastrofe;
almohadones en el suelo,
sillas torcidas,
peluches mirando la televisión.
Un remolino pasó por la casa,
o dos, tienen nombre y apeliido,
son ángeles endemoniados
de apetito insaciable.
Adentro ya no tienen espacio
y afuera hay un universo desconocido
del que les protegemos,
por un tiempo
¿Cómo vigilar sin cortarles las alas?
Sus corazones dulces
por tantas golosinas,
por tanto amor que proyecta su vida,
contagiando el disfrute de vivir.
Son ángeles caprichosos
capaces de hacer temblar al mundo,
desordenar el orden establecido
y volverlo mejor,
pero todavía es demasiado pronto,
no arriesguemos a que la realidad rompa su fantasía
y que el oro absorba el brillo de sus ojos.
Ya van a crecer,
es inevitable,
hoy sus cabellos están más largos.
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