de mis entrañas he hecho una espiral.
de mis huesos, que se deshacen como polvo,
solo queda la silueta; ya no queda nada,
salvo un par de ojos inmortales que aún pueden ver,
un par de ojos que desearían no poder ver.
de entre las nubes,
poco a poco cae la lluvia,
lluvia ácida, que limpia mis huesos,
despojándolos de la carne,
entre lamentos de agonía
que resuenan en la fría y oscura noche.
de mis sesos crece una flor
que se abre paso
entre la sangre y la lluvia
y reclama su lugar
bajo la ácida lluvia,
que lentamente se dispersa.
un rayo de sol ilumina la escena:
una poética carnicería,
llena de dolor y agonía.
un rayo de sol ilumina la mañana,
y en los ojos de una niña se refleja
un alma inocente
que desde lejos confunde
su mirada curiosa, que recorre la espiral
de lo que un día fueron mis entrañas,
y recoge una flor
con una extraña belleza
que entre la sangre aun se abre paso.
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