¡Necios!
¿Qué más quisiera yo, que por mis brutalidades argentas, se tiña a quien lo merezca su boca de carmesí?
Irascible con serenidad,
cruel con parsimonia.
En mis sueños, las explosiones de mi cólera hicieron los cráteres en la Luna.
No resiento a nadie que no sea digno de mi rabia:
si tiendo a ser criatura de sosiegos,
¿por qué venir a alterar la naturaleza común de mi sangre?
¿O acaso hay placer en causar desaires?
Bien, pues no recomiendo buscar mi vileza si antes se buscó lisonjas.
No cederé a misericordias si no es el puñal.
Advierto, prójimo, que si alguna vez en su vida fui motivo de honor,
seré ahora motivo escombros.
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