Sobre mi pecho, dormida cual niña,
su cabello acariciaba mi alma, serena.
Memorizando lunares, cada curva, cada línea,
su esencia, su ser, grabada en mi memoria eterna.
Conocía su alma, su risa, su llanto,
el aroma que deja, un dulce encanto.
Sus abrazos, un refugio, un cálido manto,
su voz, una melodía, un tierno canto.
Sus ojitos brillantes, pestañas cual seda,
labios de rosa, mejillas de porcelana,
cejas dibujadas, una belleza sin medida,
mi corazón latía, un amor sin condena.
Ante mis ojos, una perfecta creación,
un regalo de cumpleaños, un sueño, una visión.
Solo yo la amé, con pasión y devoción,
con el alma entera, con total entrega y emoción.
Cada detalle, un tesoro que atesoré,
su belleza, su inocencia, mi alma embriagó.
Un amor infinito, que en mi pecho floreció,
un vínculo sagrado, que el tiempo no borró.
Más allá de las palabras, un amor sin igual,
un sentimiento profundo, inmenso, celestial.
En cada recuerdo, su imagen flotará,
un amor incondicional, que jamás olvidaré.
Su dulce sonrisa, un sol que ilumina mi día,
su presencia, una bendición, un regalo de alegría.
En mi corazón, su imagen permanecerá,
un amor eterno, que jamás se marchitará.
Y ahora todo eso solo serán recuerdos, que quedarán en mi corazón
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