No hay momento más triste que una tarde de primavera en la que te das cuenta de que perdiste esa simple capacidad de recordar.
Te encontrás desesperada, revolviendo en el cajón de los recuerdos, y no aparecen ni las alegrías ni, mucho menos, las tristezas.
Se convirtieron en vivencias perdidas que no supe cuidar.
Toca vivir momentos en los que me esfuerzo por estar en el presente y sacar fotos mentales para proteger, en algún rinconcito, ese pequeño instante feliz.
Quítame todo, pero no me vuelvas a arrebatar los pocos recuerdos que encontré,
esos que me dicen quién soy.
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