Nunca supe en qué momento te dejé de mirar a los ojos como antes.
No porque mi mirada dejara de buscarte con amor,
sino que me acostumbré a que los tuyos inmaculados siempre estuvieran ahí, estancados sobre mí.
Capaz por eso también dejaste de buscar los míos.
Pero no te culpo.
Nunca lo haría.
No fue de golpe igual.
Fue una taza que ya no te serví,
una mirada que no sostuviste,
un chiste del que no me reí.
O peor, un abrazo y un beso que no te dí.
Una noche, ni siquiera nos dijimos buenas noches.
Otra, empezamos a hablarnos con frases cortas, sin vida; vacias.
hasta que el silencio hizo lo que mejor sabe hacer.
Y al final, no te volví a ver más.
No sé si vas a volver.
Y dudo que el universo tenga piedad
de cruzarnos otra vez con este mismo cuerpo,
con este mismo nombre.
Y si pasara
¿me volverías a mirar como la primera vez?
Te espero.
Pero no como quién espera un regreso,
sino como quién se aferra a una promesa
que ninguno de los dos sabe si existe.
Dicen que esperar
también es una forma de amar.
Y si en otra vida volvés,
si el destino decide burlarse de nosotros otra vez,
nos vamos a reconocer por la herida.
Y si el tiempo nos cambia el rostro y el alma,
yo reconocería tu piel blanca en mil vidas.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in