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Realitas mediata 

Aug 8, 2026

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Realitas mediata 
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Sábado. Desperté demasiado tarde y ya me perdí la conmemoración de la comunidad Escocesa en el museo. Una salida cultural que me hacía ilusión. Hora de defunción de la experiencia no vivida: diez y diecisiete. Está nublado y hace frío. Como todos los días libres que no paso encerrado trabajando doce horas y 4 horas en bondi. Esos días suele haber un sol imponente y cielos de un azul eléctrico pero no puedo disfrutarlos. Otra vez la inferencia de mi realidad mediada. El sol y los cielos infinitos sin nubes se ciernen sobre mí pero no puedo alcanzarlos. No puedo experimentar el picor de Febo en mi piel, ni el canto de las aves, ni percatarme de las miodesopsias en mi humor vítreo que me revela el firmamento turquesa, ni el pasto acariciándome los tobillos, ni la brisa traviesa que es gélida pero que me mantiene despierto. Únicamente puedo deducirlos por el tono dorado que pinta el interior de la metalúrgica cuando la luz rebelde viaja millones de kilómetros para filtrarse por las chapas opalescentes de plástico que funcionan a modo de lámpara sin electricidad y terminar en mis pupilas que se aferran a su brillo como náufrago a un pedazo de madera. Otra vez la inferencia de mi realidad mediada. Esos días el mundo parece habitable. Hoy no. 


Escribo con los dedos entumecidos, como si mis manos fueran prestadas y yo le estuviera dictando a alguien más, que filtra mis sentimientos e ideas y trata de darle forma al caos. Como intentar desenredar una bobina de alambre para soldar de 250 kilos y 0.90 mm de díametro que el robot automotriz acaba de echar a perder. ¿Ha intentado usted desenredar una bobina de alambre de soldar 250 kilos y 0.90 de diámetro?. Rotura Fleabageana de la cuarta pared. Metacomentario con tesitura vocal Camusiana. <Voyez-vous? un ecrivain travaille solitairement>. Perdón. Pérdida de cohesión táctica. ¡Cerrar filas y consolidar!. Como un arqueólogo que tropieza con una tumba ancestral e intenta descifrar las runas. Pero, para cuando por fin lo lee en voz alta, se percata de que la maldición ya ha sido activada. Darse cuenta del absurdo no soluciona el absurdo. Percatarse del sufrimiento escuece porque es como sufrir dos veces. ¿Rima involuntaria? ¡Barras! Estoy para El Quinto Escalón. Le daría cringe a César Vallejo. Mis falanges distales chocan adormecidas contra las teclas como la pata de palo de un pirata, que los prisioneros usan como mensaje en clave morse para ubicarlo espacialmente sin verlo mientras planean el motín. Alegoría cavernaria Platónica. Realidad mediada nuevamente.


He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. Pero además de no haber sido feliz, como bien planteaba Borges, tampoco estoy seguro de saber cómo ser feliz. ¿Cómo puede alguien saber cómo es vivir cuando casi nunca tiene tiempo para vivir, cuando el tiempo de ocio no es descanso sino que es el margen de recuperación indispensable para volver a la línea de montaje? ¿Todavía puedo sentir que este mundo está hecho para ser vivido? Para saber qué es vivir hay que experimentar.

Pero la experiencia requiere tiempo. Si el tiempo está casi completamente absorbido por trabajo, transporte, recuperación, entonces la vida se reduce a una sucesión de intervalos funcionales. ¿Cómo vivir cuando la organización material de tu existencia no te deja tiempo para formular siquiera la respuesta? 


Para mí vivir es un trámite eterno en la municipalidad: molesto, una pérdida de tiempo, algo que no tiene sentido ni recompensa más que participar en un ciclo productivo que lamentablemente compartimos todos. Lo ideal es armarse de herramientas que te permitan afrontarlo. Recuerdo que la primera vez era como Fenrir, un lobo terrible e imponente. Hoy, después de muchos años, es un chihuahua que me muerde los tobillos todos los días pero elijo no darle importancia. Yo creo que tanto auto-desuscribirse de la existencia como la eutanasia o incluso el aborto son tabú todavía en el Big 2026 no porque colectivamente se le asigna un valor sagrado a la vida, sino porque porque hemos internalizado la cadena productiva del sistema: somos reemplazables, sí; pero inconscientemente detestamos la idea de que alguien falte a cumplir su función. Lo veo cotidianamente cuando alguien se tira a las vías y el primer comentario o pensamiento en voz alta de la gente es automáticamente y por inercia: "¡por culpa de ese pelotudo se paró el tren y voy a llegar tarde al laburo!", "¿¡por qué no se mató en su casa!?". La respuesta ante la desgracia ocurrida no es empática, sino un problema productivo, como una parada de línea. 


Lo mismo con las protestas: asalariados que intercambian su tiempo por una suma que está por debajo de la línea de pobreza rocían con un camión hidrante a jubilados en una marcha un miércoles con 10 grados, los golpean con tonfas importadas a sobreprecio, les arrojan granadas de gas lacrimógeno que al estado le cuesta lo mismo que pagar una jubilación mínima, y los jubilados manifestantes tendrán que recuperarse lavándose los ojos con un sachet de leche que cuesta en promedio $2000 por litro, un producto expropiado de un ser que no puede dar consentimiento, que además los ancianos tal vez ni siquiera puedan permitirse consumir en la semana por cuestiones económicas pero en ese momento es clave para contrarrestar la capsaicina del gas. En toda esta escena pasa algo aún más violento: mucha gente desde los autos o colectivos detenidos por el corte de calle ve éstas imágenes dantescas y su primer pensamiento es: "se lo merecen por provocarme este incoveniente vehicular que me retrasa de llegar a trabajar". 


Contrario a lo que comúnmente nos intentamos auto convencer, la protección o no protección de la vida y el acceso a su disfrute y experimentación hoy obedece a un imperativo productivo, no a un mandato sagrado o moral.


"Quisiera estar en el mar, que me lleven las olas; quiero dejar de respirar. No me despierten, quiero soñar con nuestro funeral." me dice Mon Laferte por los auriculares. Sí, reinona. Re en esa. Me uniría a Alfonsina en su colchón marino si pudiera. Pero no puedo. Porque el mundo algunos días está disponible cuando yo no lo estoy. Y cuando estoy disponible, no sé si el mundo que está disponible es habitable para mí. 


Una más y no jodo más: realidad mediada definitiva.

Pablo Bernabé Céspedes

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