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Realidad III

Aug 15, 2026

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Realidad III
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Llegó un invierno gélido como el último canto de un ave antes de morir. Nos congeló las ganas de amar, de reir, de contar con otrxs. Esa oscuridad se apoderó de lo más íntimo de nuestra fuerza vital, nos arrastró a las cuevas que conservaban algo de ese calor arcaico que nos hacía cazar y que extrañábamos. El viento traía los rumores de otras aldeas cargados de desazón, de deseos de prender fuego hasta el último árbol, aunque sabíamos que si lo hacíamos nos quedaríamos sin primavera. Tocó aguardar agazapadxs entre los brazos, unxs con otrxs. Las horas pasaban entre el día y la noche como si fueran lo mismo. A veces lográbamos caminar por lo techos de las cuevas pero el musgo nos devoraba los pies hasta congelarlos. Luego ya completamente ennegracidos los devolvía entre maldiciones que teníamos que contrarrestar con el calor de un fuego rojo alimentado por sangre menstrual, la única cura que hayamos para ese mal. Parecía no haber escapatoria y las heladas seguían cayendo sin compasión sobre la tierra, castigaban a todo ser que anduviera buscando una moneda para jugar. Adentro nos inventábamos otros juegos que acercaran al verano. Añoramos ese calor que nos permitia nadar con sirenas de agua dulce, en lagos cubiertos de peces cuyas escaman eran diamantes. También nos inventamos un sol y lo dibujamos en las piedras, y le rezamos, y lo adoramos como una promesa que llegaría tarde o temprano porque sabíamos que seguía ahí, a pesar de las inclemencias de nuestro planeta. Otro mal se apoderó, además, de nuestra gente. Ya estábamos delgadxs por la malaria y encima ésa maldición enviada por el mismísimo invierno nos adelgazaba el alma. Ya nos costaba reír y con eso empezamos a sentirnos en falta constantemente. Dejó de ser suficiente la vida y nos arrastrábamos a la muerte pidiendo piedad, pidiendo ver algo de luz, pidiendo respirar aire fresco, nuevo, pidiendo perdón por la penuria, pidiendo dejar de ser culpables por existir. Fueron cuatro generaciones viviendo así y sobrevivimos contra todo pronóstico. Aún no vemos el sol, le seguimos añorando. Mantenemos la esperanza de volver a verlo.

Rocío Giménez Ferradás

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