Faltan cinco minutos y Racing está a nada de ser campeón otra vez. Un tipo de casi 30 años se larga a llorar y no puede hablar. No va a poder hacerlo hasta dentro de un buen rato. Su voz se apaga.
Imágenes del pasado llegan como flashes, como esos que dicen, aparecen cuando uno está muriendo. O como cuando está a punto de tocar la gloria. Se acuerda de todo: la quiebra, la promoción, las cargadas, la miseria, la derrota. De Facundo, su amigo hincha de Racing de la secundaria. De 2001, 2014 y 2019. Es poco para tanto amor. La vida es injusta, piensa, pero hoy no. Hoy, por fin, la justicia llega.
El tipo sigue llorando, pero ya no es él. Es un nene de rulos del Barrio Bancario, que acaba de regresar a su casa para abrazar al que, en algún momento, soñó que sería. El que nunca dejó de esperar. Termina el partido. Racing campeón y el chico de rulos, ahora sí, vuelve a su lugar.

Niyén Pibuel
voy por la vida muy tranquilo y sin apuros porque para mí es excesivamente larga y cada tanto aburrida :)
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