¿alguien va a quererme por quien soy? qué pregunta tan extraña, ¿soy aquello que se refleja en el espejo cuando voy al baño? ¿cuándo rompí los espejos de mi casa? ya no me saco fotos, no encuentro una fuente de luz confiable, soy como un vampiro, que saca fotos de noche, todas subexpuestas, a paredes, a bosques en penumbra donde el sonido no llega a capturarse
camino sin poder perderme, me atraviesa un gato vagabundo, maúlla, pasa entre mis piernas, lo acaricio, su abdomen inflamado, su interior parasitado, su carita, su llamado, me sigue hasta una esquina, se pierde en una sombra, ¿atraviesa las rejas? ¿tiene una casa, arenero, arrullos al caer la noche, comida y agua cada mañana?
¿alguien querrá este cuerpo, sudado y seco, mis lagañas, mi dolor de espalda? ¿es mi grito hacia el vacío, donde el vacío soy yo mismo, un clamor? me desentendí de dios a los doce años; cuando niño, aquel dios fue la voz de mi conciencia, lo negué y fue una herida, un trapecio que aflojó la estructura de mis sentidos, rompió las tablas de mi cama, intenté quemarme con mis muebles y cortinas
esa voz se triplicó: mi madre no era más mi madre, el gato que era mío saltó la pandereta y no volvió, y el colegio era una cárcel que soportaba a duras penas con droga barata del color de mi propia mierda
algunos libros me ahuyentaban de ese duro sabor, algunas canciones, mi guitarra, el mar a veces me disociaba del dolor, la sal del mar y mi piel efervescía en las hojas de mis cuentos: una vez, quizá, conocí el amor
de la forma más violenta, estudió mis movimientos, yo aprendí sus enseñanzas, la rabia, el odio ¿es el reverso del amor?
refugiado en un viejo caserón, las ratas royen las paredes, la avenida donde yace la propiedad está siendo reparada, los buldócer arrancan los cimientos de raíz, de aquella calle milenaria por las que transitó Pablo de Rokha, quizás, alguna vez borracho; así era en esos años
apenas despierto, me levanto, no soy nadie para nada, mis canciones no tienen final; un cuerpo se balancea desde su ventana mecido por el viento, como la campana de una obra de un burlesco temporal, sus zapatos son como los míos, una calle nos separa, se tiró al amanecer
me voy al trabajo y pienso: no es como quiero terminar, pero mi cuerpo se pudre, siento que no valgo, y que nadie podría querer a alguien como yo, me pregunto: ¿habrá alguien que me quiera como soy? ¿siquiera yo, quien despierta y saca de tu sueño a la conciencia que te arrastra?
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