Desde hace varias noches que sueño con Camilo, fantasias de volver a encontrarnos, ficciones donde finalmente era feliz y me sentia segura. Sueños los cuales tienen como unico fin anestesiar todo el dolor que intentaba evitar. El dolor de sentir estar perdiendo la vida y a mi misma.
Y no solo son fantasias por ser sueños sino porque todo ese guion parece mas lejano que nunca, con Camilo nos separan fronteras infinitas, nos separa la vida que pudimos tener y que jamas existirá. Y ese dolor es tan profundo que adormece al dolor de lo que realmente si pasó: nuestros caminos se dividieron inevitablemente, cumplimos algunos sueños propios y otros se desmoronaron por completo pero por sobre todo nos dejamos solos el uno al otro.
Mientras pienso en eso, me miro al espejo. La mujer que siempre quise ser y la que Camilo jamas va a conocer. Me tengo que preparar para ir a la playa, anoche Marcos se quedó hasta tarde en el casino Partouche haciendo dios sabe que y yo merodee hasta las 4 de la mañana entre la playa y el Jardin Albert 1er, mirando la rueda de la fortuna, encandilando mi miseria en las luces y la diversion ajena.
Me pongo el protector solar en la cara, en demasiada cantidad, lo distribuyo en mi cara de forma violenta cual guerrero maorí preparandome para la batalla.
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