Mis poemas pierden veracidad.
Se rompen las palabras en mi garganta a la espera de ser expulsadas,
van formando un hueco para dejar al aire pasar,
suficiente para subsistir,
no tanto para salvarse.
Quiero decirles tanto.
Quiero que me escuchen y me digan que lo que siento es real,
que la locura no me va a alcanzar.
Pienso versos incompletos que no llegan al tono de la conversación,
metáforas que no funcionan,
tuercas en un engranaje seco y polvoriento cuya limpieza me resulta imposible.
Tengo sueños en los que mi voz ya no es mía
y aún así nada alcanza.
Quiero que mis manos se llenen de tinta.
Quiero que la pluma se encarne en mis uñas,
con las composiciones volverme una.
Trato de contar una historia que me olvido mientras escribo,
emociones que perdí en cuestión de horas y no voy a recuperar.
Mi diario está lejos,
en mis propios pensamientos no me encuentro.
Creo que ya no sé quién soy.
Quiero darles todo y más.
Quiero que en mi espejo encuentren un reflejo familiar,
que no teman caer en espiral.
Leo en búsqueda de una razón,
un estilo único de meditación,
¿me podrán decir quién solía ser?
Me pregunto en qué momento lo olvidé.
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