Diario _ 04/03/2026
Querido diario:
Esta noche volvió.
Mr. Fear.
Me susurró desde el rincón más umbrío del alma y propuso un pacto: hundirme la próxima vez que lo mirara de frente.
Y lo peor es que parecía sencillo… porque olvidar por qué alguna vez quise permanecer resulta cada vez más arduo que respirar.
Cuando habló, sentí el calcio huir de mis huesos.
Temblé.
No por sus pasos, sino por la certeza de que algo estaba siendo saqueado dentro de mí, como si mis murallas —esas que creía inexpugnables— fueran
apenas cartón húmedo.
¿Quién es?
¿O qué es?
No lo sé.
Y quizá no quiero saberlo.
Solo sé que habita el silencio de las esquinas de mi habitación, dictando aquello que no me atrevo a pronunciar ni en el idioma del susurro.
El precio del pacto era quebrarme desde la raíz.
A las nueve.
Siempre a las nueve.
Como si la oscuridad tuviera reloj.
Mi mente suplicaba que alguien decidiera por ella:
¿valentía o esclavitud de la nesesidad de serlo?
Nunca hubo respuesta.
Solo esa frase, como un eco defectuoso:
“No puedes…
No puedes…”
Y sigo escribiendo, porque no he firmado.
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