Hay un video de una mujer
trabajando. Su cabello
atado en un rodete
despeinado: flechas
que me apuntan.
Yo la conozco
y si lo pienso,
en cada fotograma
veo un corazón cayendo.
Apago todo
y escribo porque no puedo
verlo deslizarse sobre el borde
con hombros tímidos hacia delante.
Era tierno
pero mi boca está sellada:
no quería que resbale
quería que saltara.
Retumba el golpe
en la tierra.
Por mis ojos brota
la savia rugosa y lenta.
Estoy quieta,
mis brazos ignoran
un "ayuda" ahogado
solo se balancean
de lado a lado
porque si me peino, debo hacerlo
hasta las rodillas.
Sé que no soy una de esas
mujeres verdaderas.
Ahora me escondo como una niña,
me cubro la boca con las palmas,
me fascina la lentitud
de lo que brota por su espalda
y se expande hacia la cámara.
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