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¿Qué queda del actor cuando mata el personaje?

Mar 9, 2026

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¿Qué queda del actor cuando mata el personaje?
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Se cumplen 3 años desde que tomé la decisión de mantenerme sobrio y limpio. Más de mil días sin alcohol, drogas ni cigarro. No fue una decisión popular. Muchos desaparecieron en cuanto dejé de ser el rockstar, el desastre gracioso, el personaje. Las minas dejaron de llamar, lo' pibe' todavía reclaman la segunda venida.


Todos hablan de ser real, pero pocos se bancan vivir a pelo. Entre carteles de "vivir el presente" acá estoy sin suavizarlo con algún anestésico. Prefiero la hiperestesia, la realidad sin mediación.


Ante el tsunami discursivo de "amor propio" el mío no deja entrar a cualquiera con tal de no estar solo. Ni se derrumba todos los fines de semana. Entre gritos de neoestoicismo y libertad de cartón, busco el discernimiento y la coherencia de vivir con la premisa de  que la primera soberanía empieza en el cuerpo y la mente de uno mismo.


Nihil verum, Omnia licita. Nada es verdad, todo está permitido. Pero libertad no significa hacer lo que se nos dé la gana, sino ser capaz de controlar la propia pulsión autodestructiva incluso en ambientes totalmente hostiles. Estar consciente para vivir con las consecuencias de nuestros actos. Sean pena o gloria.


Obviamente estos años fueron como estar despierto y sintiente durante una cirugía a corazón abierto. Tener una personalidad adictiva requiere un desdoblamiento adrede. Un esfuerzo de monitoreo estratégico, una política de disciplina constante y sistemática con planes de contingencia y protocolos para no recaer. La decisión consciente de no permitir quebrar la voluntad, a pesar de que el mundo se te caiga encima. Porque soy al mismo tiempo el cincel, el mazo; el mármol, el escultor y la escultura. El cirujano, el paciente y el bisturí.


No quebrar la voluntad a pesar de perder el trabajo y pasar meses donde mí única comida fue un pocillo de lentejas y galletitas de agua. No ceder aunque tuve que volver a la casa de mís viejos por problemas económicos y empezar de cero. No ceder para poder estar firme acompañando a mamá en sus últimos días. Sostener el timón con las mismas manos que hoy ponen la flor sobre su tumba. No desandar el camino a pesar de haber apostado el corazón y perderlo otra vez. 


Firme. Contra todo pronóstico. A pesar de mí mismo.


Pueden decir cualquier cosa. Y más de una vez he sido el villano en una historia bien contada. 


Pero jamás podrán decir que no soy real.

Pablo Bernabé Céspedes

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