¿Siguen perteneciéndome más allá del recuerdo distorcionado por el simple hecho de que en algún momento fueron escenario de mi diminuta vida? ¿lo hicieron?
El parque dondé pensé ser feliz, el arból en que nos sentamos a creer, a imaginar que no estábamos irremediablemente solos
Las camas en las que estuve acompañada
El banco de las 10:00 am y los infinitos cigarros que vi morir en nuestros labios
El vagón dónde lloré al saberme sin hogar
Los brazos que me sostuvieron, de quienes me amaron, los que me hirieron, los que me mataron
Este cuerpo, lugar permanente, inherente, intrínseco, indisociable, asfixiante
Las que fuí, las pieles que habité, incluso la que habito ahora, esta vida y todas las anteriores, son y dejarán de ser mías
Junto con cada amor, de los cientos, miles, que guarda esta perpetua, eterna alma
Aquellos lugares siguen, pertenecen ya sin mi, mejor, con algo mío, ya con mi esencia, ya con la ausencia
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