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Que el tiempo pase y la vida también

Montilú

May 20, 2026

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Que el tiempo pase y la vida también
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Rebeca vivía en un estado constante de escape, como si la vida fuera un monstruo al cual había que mantener lejos. Se sentía anónima frente a sus pares, no dejaba que nadie viera más allá de las cartas que ella mostraba. Miraba embelesada como las agujas del reloj se movían, sin parar, hacia adelante, nunca para atrás. No esperaba una fecha en específico ni un horario especial, solo quería cerciorarse de que este seguía avanzando, de que sus arrugas irían apareciendo poco a poco (es inevitable), que su cabello pasaría de ser negro a entrecano y luego blanco. Maravillosa cosa el tiempo, castiga y perdona a la vez; crea ilusiones y falsas esperanzas porque en todo lo incierto recae la duda y en ella están las posibilidades, quizás esta apatía desaparezca, quizás los días son más lindos allá. En la espera la vida se pasa, larga y tediosa, pero al mirar para atrás parece tan corta, como si alguien con unas inmensas tijeras te estuviera cortando el camino, reconfigurándolo, haciendo un extraño collage que no tenés idea de cómo seguir. 

Se dejó llevar por la corriente del viento y caminó en dirección contraria a su casa. Rebeca siempre estaba lista para caminar, nunca llevaba bolso porque no tenía nada que le pertenezca, no dejaba nota porque no tenía a nadie con ella, disfrutaba de la libertad que recae en la soledad aunque a veces se hacía difícil cuando los sentimientos queman y no hay nadie con quien hablar. Más que persona era una combinación de colores y texturas, todas juntas todas abstractas, se miraba al espejo todas las mañanas comprendiendo que jamás se vería como ellas pero por primera vez no le importaba, alguien tiene que salirse de los bordes y ella estaba feliz haciéndolo. Vida que pide vida que lastima, Rebeca estaba cansada de ceder ante ella, quería que se fuera y que la dejara tranquila, le era más fácil ser cuando fingía que no existía ya que ahí podía elegir por sí misma, sin pensar en los límites o las correcciones, solo en ella y en hacerle bien a todo lo que carga dentro del pecho. Respiraba como si no lo hubiera hecho en años, tomaba bocanadas grandes mientras el viento actuaba como timón del destino. No quería detenerse, no quería dejar de caminar, deseaba poder seguir así por años y ver a la vida y el tiempo pasar, dejarles un saludo y disfrutar de la libertad.

Rebeca a veces vuelve a su lugar, aquel estipulado, aquel determinado, aquel bien-visto; pero Rebeca jamás vuelve siendo la misma que en un principio, es imposible formarse una idea de quién ella es porque a cada paso su mente se expande, su corazón se abre y su alma grita. 

Montilú.

Montilú

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