No encuentro el rumbo.
Mi navío se desliza sobre los mares balanceándose con brusquedad.
A veces, sin quererlo, gira a babor; otras, inesperadamente,
encalla entre los islotes
que, desde la lejanía, creo reconocer;
sin embargo, y cuando más cerca de estos me hallo,
es la quilla, aquella que tanto esfuerzo
me costó construir,
que queda atrapada torpemente entre las
rocosas costas y el violento
oleaje.
Cuando el viento se calma, consigo
volver a navegar.
El sol golpea salvajemente sobre las maderas
del barco, haciendo brillar por momentos
los detalles dorados que
contiene mi embarcación.
Las olas abrazan con suavidad
el casco, y
las gaviotas siguen el rumbo, riéndose,
a veces,
del movimiento de esta maquinaria
cuyo timón cruje con cada sacudida.
Se vislumbra, a lo lejos,
un faro
de colores oscuros.
De apariencia prominente, aunque ajada,
emana una esencia de imponencia
que empequeñece lo demás;
no obstante, su puerto se encuentra
bajo las aguas, hundido en el olvido,
y mantener el navío sobre la tormenta
venidera es complicado
si quiero algún día volver a navegar.
He de irme.
Abandono entonces aquel sitio que pensé que sería
mi destino.
Pero, ¡qué crueldad!
Sigo sobre las aguas al mando de mi barco,
y no sé si realmente algún día
podré arribar en tierras deseadas
para poder
descansar.
PD: Seguidme en Instagram y Tiktok <3 @unalbatr0s
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