La carta ya no huele a vos.
Ahora tiene ese aroma extraño que adquieren las cosas cuando sobreviven más tiempo que las promesas.
A veces la abro como quien consulta a una médium, esperando que el papel todavía recuerde el idioma de tus manos.
Pero la memoria también muda de piel.
Debés ser psíquica.
Porque siempre apareces un instante antes de mi recuerdo,como si adivinaras el segundo exacto en que vuelvo a nombrarte
sin decir tu nombre.
Y es curioso...
Hay una serpiente que duerme entre los pliegues del sobre; no muerde, solo cambia de nombre cada vez que intento olvidarte.
Dicen que el tiempo cura. Yo creo que únicamente vuelve más silenciosas las heridas.
Y, sin embargo, cada vez que la cierro, me queda la absurda certeza de que el perfume no se fue.
Solo aprendió a esconderse dentro de mí.
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