mobile isologo
search...

Profano

Fer

Mar 18, 2026

26
Profano
Start writing for free on quaderno

Yo te amaba.

Y no hay forma limpia

de decirlo ahora

no hay manera

de pronunciarlo

sin que algo

se me rompa en la boca,

sin que el recuerdo

me sepa a hierro,

a herida abierta,

a algo

que ya no debería estar vivo

y sin embargo respira.

Yo te amaba

con intensidad

con devoción

que no era ligera,

con esa forma

torpe

y brutal

de quien no sabe

amar a medias.

Porque tu cuerpo

no era un cuerpo.

Era sagrado.

Era religión.

Era catedral.

Era el único lugar

donde el caos

hacía silencio,

donde mi cabeza

dejaba de gritar,

donde el mundo

—por un instante—

no dolía tanto.

Te tocaba

con la misma delicadeza

de quien entra

a un templo en ruinas

con cuidado

de no pisar los restos,

con miedo de derrumbar

lo poco que quedaba,

con el respeto

de quien sabe

que está tocando algo

que sobrevivió demasiado.

algo bello

algo delicado

No te tocaba por deseo.

Te tocaba con memoria.

con la piel atenta

a cada reacción,

con el alma inclinada

como si cada centímetro de ti

mereciera ser entendido.

Las cicatrices de tu pecho…

De tus brazos

De tus piernas

Dios..

cómo odiabas esas cicatrices.

las escondías,

las negabas,

como si fueran la prueba

de que algo en ti

nunca estuvo bien.

Las tratabas como si fueran errores

que alguien olvidó borrar.

Y yo las recorría despacio,

como si fueran

un idioma antiguo,

como si en cada marca

hubiera un pedazo de verdad

que tú no querías decir en voz alta.

Las besaba

como si el amor

pudiera reescribir la carne,

como si pudiera borrar

todo lo que te hizo pedazos.

Porque yo sí veía

lo que había detrás.

Las veces que te rompiste

y nadie se quedó a recoger los restos.

tus brazos,

tus piernas

tu cuerpo

tu esencia

tu piel

tus ojos verdes

no eran simples cosas.

Yo te amaba

cuando tú no podías.

Cuando te mirabas

y solo encontrabas motivos para odiarte.

Yo te amaba

en esa versión tuya

que tú mismo rechazabas.

Me quedé

viéndote destruirte,

viéndote despreciarte,

viéndote tratar

tu propio cuerpo

como si no valiera nada.

Y lo peor

es que aprendí

a amar eso también.

Me quedé ahí.

donde nadie se quedaba.

donde te era incómodo,

donde te dolía,

donde amar

para ti

no era bonito

ni fácil

ni romántico.

Y aún así…

te elegí.

Una y otra vez.

Hasta que un día

algo en ti cambió

o tal vez

siempre estuvo roto

y yo no quise verlo.

Y ahora…

ahora me da asco.

Pero no es un asco simple.

Es un asco que raspa,

que arde,

que se instala en el pecho

como un animal muerto

que nadie se atreve a sacar.

Me da asco pensar

que ese cuerpo

que yo traté

como si fuera sagrado

ahora sea tan fácil.

Tan accesible.

Tan… olvidable.

Que cualquiera

pueda tocat

sin saber

que ahí

hubo noches de guerra.

Que cualquiera

pueda tocarte

sin sentir el temblor

que precedía a tu derrumbe.

Que cualquiera

pueda besarte

sin cargar el peso

de lo que significaba

llegar a ti.

Como si fueras piel

y nada más.

Como si todo lo que fuiste

se hubiera borrado

de un día para otro.

Me da asco

la ligereza

con la que te entregas.

como si fuera la prueba

de que algo en ti

nunca estuvo bien.

Como si todo

lo que fuiste conmigo

se hubiera muerto

sin dejar rastro.

en algo fácil de consumir,

algo que no exige,

algo que no duele.

Como si nunca hubieras sido

difícil

profundo

amado

dolorosamente humano.

Y lo peor

es que tú lo permites.

Y eso me rompe

de una forma sucia,

de una forma

que no se ve por fuera

pero por dentro

lo pudre todo.

Porque yo sí te conocía.

Yo sí sabía

dónde dolía,

dónde temblabas,

dónde te quebrabas

aunque intentaras esconderlo.

Yo sí sabía

cómo sostenerte

cuando ni tú podías contigo.

Y ahora…

ahora eres un cuerpo abierto,

una historia mal contada,

una catedral sin silencio,

sin fe,

sin significado.

Y yo…

yo me quedé afuera.

Con las manos vacías,

con el amor todavía latiendo

como una enfermedad que no se cura,

con esta mezcla insoportable

de devoción y asco

que me ahoga lentamente.

Porque no es que haya dejado de amarte.

Es que ese amor

se descompuso.

Se volvió oscuro,

se volvió denso,

se volvió algo

que ya no sé nombrar

sin sentir náuseas.

Te volviste

Algo que se usa

y se olvida.

En algo que no pesa.

En algo que no duele.

Me enferma pensar

que te hice eterno en mi cabeza

mientras tú

te volviste desechable.

Me enferma saber

que yo te traté como un templo

y tú te convertiste

en un lugar de paso

Te hice sagrado.

Y tú…

tú te volviste desechable.

Eso es lo que me enferma.

No los otros.

No sus manos.

No sus bocas vacías.

Sino tú

dejando que algo

tan jodidamente profundo

tan jodidamente bello

se convierta en nada.

Quiero arrancarte de mí.

Quiero borrarte

de cada rincón

donde aún existes.

Pero sigues ahí.

En mi cabeza.

En mi cuerpo.

En esta forma rota de sentir.

Como una metástasis silenciosa

que se expande

sin pedir permiso,

sin detenerse,

sin compasión.

Porque te amaba.

Y eso no desaparece

Se queda.

Se pudre.

Se transforma

en algo irreconocible,

en algo que ya no es amor

pero tampoco es olvido.

Algo que respira,

que late,

que arde,

y que a veces…

solo a veces…

me hace mirarte en el recuerdo

donde alguna vez

te hice sagrado…

y tú elegiste

volverte nada.

Fer

Comments

There are no comments yet, be the first!

You must be logged in to comment

Log in