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Procesiones por dentro.

Dolbach

Apr 5, 2025

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Procesiones por dentro.
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La Semana.

En siete días da comienzo el teatro callejero más extendido en el mundo. Ya se van viendo algunos adelantos aquí y allá, que nunca faltan costaleros para un rato de postuero.

No se me enfaden, tan solo, piensen el caso.

Recuerdo cómo pintaba la cosa cuando yo era crío, y recuerdo como me contaban mis padres que era cuando lo eran ellos.

Días de oración, recogimiento, luto. Nada de baile ni alegría aceptable. No es que andara la gente azotando su propia espalda... ¿o sí?

Era una imposición de la Iglesia todo poderosa aliada del poder político militar que durante años oprimió a España y más allá.

Hoy ya, al menos, solo cuenta, de lo hipócrita, el espectáculo que llena calles y templos.

Hagamos un somero repaso:

Domingo de Ramos, entrada triunfal, como cuando se ve en las películas que el circo llega a la ciudad. La borriquilla en andas, las palmas, los ramos de olivo. Suele preparar Manolo, siempre tan dispuesto, más que vecinos hay en el lugar.

Lunes de Autoridad. Lunes Santo. Poco caso a lo sustancial que es el hecho de que el Nazareno echara a los mercaderes del templo. Si hoy, quienes hacen negocio con la fe, se marcharan de la Iglesia, no quedaba nadie dentro. Lo de maldecir higueras es una fábula más de este enorme cuento.

Martes. Glorificando al instrumento de tortura y muerte se va este día. La cruz como símbolo. En Francia, llevan del cuello guillotinas de oro y plata. "Al César lo que es del César", dicen que dijo, pero ¿qué es del César?

Miércoles. Flojea un poco la motivación exaltatoria y es más día de recogimiento que de alardes. Principo del éxodo de la capital.

Jueves Santo, y comienza el puente largo. El cura mojó mi pie algunos años en el lavatorio teatral. Esa muestra de humildad, era solo el paripé anual de quienes se lucen todo el año entre oros y bordados. Las turbas camino del calvario. Se rompe la madrugá.

Viernes. Desde antes de salir el sol es ya día; de los pocos que comienzan tan temprano. Tambores, cornetas, túnicas y capuces se hacen con las calles de muchos lugares. El luto de aquel entonces se convirtió ya hace años en ruido y desmadre. Siete palabras, Viacrucis, Rosario del pésame ¿quién entre los miles sabe? La reflexión supuesta e impuesta en aquellos tiempos, queda hoy en resaca, reuniones familiares (cascarulas y huevos rellenos), juergas de amigos, visitas monumentales, turismo de procesión, viaje a Noruega...

Sábado. Se acabó la cosa aunque cosa quede. Sagrarios en plano. El sábado es sábado, caiga quien caiga. Judas paga el pato de aquel desliz y la jarana en los pueblos es con la disculpa del muñeco.

Y, otra vez, Domingo. Resurrección de todo aunque nada haya muerto. La alegría vuelve a las gentes. Sería el día en que sonarían los pasodobles en los salones de baile, tras los días de oscuridad y miradas de curas vigilantes. Pero es tan solo el regreso. Vuelven los domingueros a sus ciudades. Las cenizas de Judas quedan en el suelo.

Si hizo bueno, si hizo malo. En eso queda todo alarde. Y en dolores de lumbares y cervicales que son el rescoldo y los efectos secundarios de la hipocresía de muchos costaleros cofrades. Al cura le queda el descanso del destajo y el consuelo enorme del cepillo lleno.

El resto, a seguir pecando con la fe en algún armario, junto a la túnica lavada, que ha sido tendida en el balcón cual bandera patriótica, antes de la necesaria plancha.

Vacaciones, de eso se trata, al fin y al cabo.

Pena sin gloria.

Allá quedaron perdidas las lágrimas entre la lluvia que impedía salir los pasos.

Para mucha gente es una tristeza enorme la ausencia del rito. Fe por un lado y dinero por otro.

Sí, hay quien, a pesar del mandato bíblico:

Deuteronomio 5:8-9

"No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que esté en el cielo arriba, ni en la tierra abajo, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las servirás...", cree en la imagen y se emociona con la música o el silencio, con las velas, con la lágrima en la mejilla de escayola, con la gota de sangre en la frente de madera. Poco más hay de trasfondo en esa fe.

Hay quien tiene en estos días una parte sustancial de su economía. Flores, velas, comidas, cenas, túnicas, tambores, habitaciones de hotel...

Él dio su sangre, su vida, para salvar al mundo, y el mundo, ha aprovechado tal sacrificio para hacer rentable negocio.

Preguntaban en Sevilla por algunas cuestiones relativas a la religión que el personal decía profesar y nada sabían los encuestados -¿Pentecostés? ¿Los evangelistas? ¿El libro del éxodo?-, tan solo tenían claro que en esta semana especial hay que vestir muy bien y llevar mucho dinero en el bolsillo. Sentimiento católico a prueba de balas de razón.

La economía de España se sustenta en el turismo, tanto de sol como de juerga y espectáculo, con sanfermines, fallas, Semana Santa, Ibiza y muchas playas. Pies de barro para una de las "grandes potencias" europeas.

Pero España, vaya como vaya, siempre ha sabido culpar al menos culpable, y Judas sigue y seguirá ardiendo en las calles, en las tertulias y en las plazas.

Todo, una vez más, se cumplirá, meteorología mediante, como es debido.

Cascarulas que no falten.

¿Qué dice la AEMET?

Dolbach

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