Un zorzal golpeando el ventanal, estaba cantándome. me despertó en tenue luz, seguía perdida e ilusionada en mi propio sueño.
tus rulos, cada uno de ellos, desde que te conozco, un imperio. mi mundo, tan escalonado y escondido en mis pensamientos, un infierno.
como la sensación de un sable atravesado en el medio del esternón. no brotara sangre, brotara todo mi vacío escondido.
matarme para curarme o cuidarme para arruinarme.
porque le ponga traba al postigo, porque cierro la puerta con llave.
porque cierro los ojos, porque me tapo los oídos, porque agacho la cabeza entre mis rodillas
porque me cierno en lo bueno.
porque me cierro a lo malo, a lo mundano.
porque me niego a arrodillarme.
me niego a rendirme.
porque me niego a volver a hundirme en la miseria.
y aunque la angustia vuelva a arrastrarme al pozo.
hundo mis uñas en cuerpo a tierra, me niego a volver a odiarme.
la mente no ayuda, la positividad no alcanza.
en mis silencios escucho gritos.
en mis descansos los males se alargan y no se aplazan.
no me causa ninguna gracia
y sin embargo, es la mochila que llevo en la espalda.
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