En estos días de primavera, el sol brilla más de lo normal.
Las flores crecen con fuerza, se abren sin miedo y lanzan al viento sus pétalos coloridos, como si el mundo entero celebrara algo que yo no entiendo.
El cielo se pinta de un azul más vivo, como si también supiera que esta estación debería ser cálida, alegre, esperanzadora, llena de risas, llena de plenitud.
Pero mi primavera no está siendo tan cálida.
Los rincones suelen ser más silenciosos de lo acostumbrado, dejando afuera la luz de la cálida primavera.
Me pregunto, con la estación floreciendo a mi alrededor: ¿Qué me hace sentir así? ¿Por qué no puedo encontrar la felicidad en una primavera tan brillante?
Quisiera que el aire, al rozar mi piel, me regalara esos pequeños escalofríos de felicidad que antes conocí, que aún recuerdo.
Pero últimamente son distintos, son escalofríos helados, cargados de nostalgia.
Primavera escarchada de nostalgia.
Primavera soleada.
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