Era temprano, hacía frio. Estaba esperando el colectivo para ir a trabajar y apareció. Tenia puesto un gorrito de lana fucsia y una campera larga. Yo tenia un paquetito de azúcar en el bolsillo de la mía, no se por qué.
Me preguntó si le podía pagar el viaje con mi sube, a lo que respondi que si. Fue ahí, cuando empezó a contarme que todas las mañanas se despierta, se prepara y va hasta el centro. Cuando llega, camina unas cuadras y compra pan para desayunar con sus nietos, siempre en la misma panadería. Me contó que a su marido le encantaba el pan de ese lugar y por eso sigue comprándolo. No quise preguntar que le había pasado, pero supongo que una de sus maneras de recordarlo es comprar su pan preferido todos los días.
Nos subimos al colectivo, me senté y cuando metí la mano en mi bolsillo, saqué el paquetito de azúcar y leí esto: "las ausencias sirven para valorar las presencias".
No sé por qué, pero tenia un paquetito de azúcar en el bolsillo.
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