He escuchado a demasiada gente decir que soy "Un potencial desperdiciado".
Me pregunto: ¿Qué será un potencial bien aprovechado?
Si tuviera que elegir de nuevo, elegiría dejar de perseguirme; es abominable, la penumbra más grande.
Durante mi persecución me encontré extraña en una tierra ajena. Habitaba un planeta que no quería compartir con nadie. Yo era un verde tímido, lejano de los árboles frondosos.
El insomnio se volvió absurdo e irónico: los días eran largos y las noches, cortas. Me amedrentaba el corazón el ser silencio.
En ese entonces pensaba que todo acabó, pero un hallazgo se presentó. El desdoblamiento se me acercó.
Resultaba que el llamado “potencial” era la dichosa y malagradecida voluntad que, a pesar de haber sido acorralada, seguía arrojando piedras en medio de la embriaguez.
Como dije, fue abominable, incontenible: aplaudía, galopaba y vibraba. La soledad habrá de haber sido más fría y nostálgica. La mía era —por si no había quedado claro ya—, un potencial salvaje.
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