Esta prueba se me ocurrió durante mi clase de Cálculo Integral, cuando me di cuenta de que nadie es completamente igual. Entonces, pensé: ¿Por qué no? Fue en ese momento cuando reflexioné sobre la existencia de algo externo, algo no biológico. No es magia, tampoco es una fuerza que nos obligue, pero está ahí. Entonces comprendí que eso encajaba con el concepto de alma.
Supongamos que dos personas genéticamente distintas son criadas de la misma manera, por las mismas personas, experimentan las mismas situaciones en los mismos momentos, etc. Todo es exactamente igual. Sin embargo, estas personas piensan de formas completamente diferentes: tienen intereses distintos, perspectivas de vida opuestas y personalidades únicas. Ahí es donde surge la existencia de aquello que nos hace únicos a cada uno.
Por eso, los humanos, incluso aquellos que se autodenominan antirreligiosos, son prueba andante de la existencia del alma y, en consecuencia, de Dios mismo.
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