Me levanto de la cama a la madrugada, como de costumbre, debido a que mojaba la cama más de lo que el colchón desgastado de una plaza resistía. Antes de salir de mi cuarto agarro una muda de ropa. Paso delante de la habitación de mi madre con un miedo que ya conocía. sabía muy bien las consecuencias. Abro rápidamente la vieja puerta de madera del baño para que no me delatara con su rechinar espantoso. Una vez adentro, fui despegándome el pijama adherido a mi cuerpo de la mitad para abajo. Dejo correr el agua de la bañera para que tomara temperatura. Meto un pie y luego el otro, tomo el jabón y comienzo a refregar la ropa una a una, aprieto con mis pequeñas manos carentes de la fuerza necesaria para aquellos actos tratando de sacar toda el agua. Una vez escurridos, el pijama y la bombacha, los dejo a un costado de la bañera azul profundo. Nuevamente tomo el jabón para continuar con mi cuerpo y cuando casi estaba terminando escucho un ruido al final del pasillo. Cierro la llave del grifo de manera brusca para que el correr del agua no hiciera eco. Sujeto la tolla y lentamente saco primero el pie derecho al cual lo acompaña rápidamente el izquierdo. Me seco con ligereza para vestirme nuevamente. Otra vez el ruido me pone en alerta. Esta vez era más evidente que los pasos furiosos de ella avanzaban en dirección a mi cuarto. De inmediato recordé que no había abierto las ventanas para dejar que se alejara el olor y muchos menos había dado vuelta el colchón.
Otra vez te measte, por dios mocosa de mierda! Cuantas veces tengo que pegarte para que dejes de mojar el colchón?!
Las palabras que oía, rebotando en el oscuro pasillo, le anunciaba que el encuentro con el cinto era inminente. Una vez más se dio cuenta que de nada servían los rezos y suplicas a Dios.
Veni para acá, ya sé que estas en el baño. Es mejor que vengas y no que to tenga que ir a sacarte de los pelos...dale veni! Veni carajo!
Su agitada respiración se volvía cada vez más incontrolable, en sus humedecidas pestañas se evidenciaba lagrimas a punto de estallar en sus ojos, la desesperación se reflejaba en sus puños ceñidos al igual que su mandíbula.
_Vas a despertar en uno, dos y tres. Tranquila, estas aquí conmigo, dijo su terapeuta. Hoy avanzamos un poco más dijo Emilia mientras trataba de volver a la calma.
_ Así es, hoy avanzamos un poco más. Respira profundo_ le decía mientras le acercaba un pañuelito descartable, de esos que siempre las analistas tienen a mano.
_Bien, por hoy lo dejamos aquí, nos vemos el próximo jueves a la misma hora.
_ok, hasta el jueves que viene entonces_ Dijo Emilia mientras se incorporaba nuevamente, abandonando el diván.

Tinta_bravaa
Coleccionista de realidades ajenas y arquitecta de ficciones anónimas. Escribo para darle voz a la totalidad del ser humano. Aquí la literatura no siempre consuela.
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