No llueve. Despierto en tu cama. Antes, la alarma de mi celular nos separó.
Por un largo rato, se incendia el carbón.
Suena la puerta, es la hora de mi escape: mi mente no para de deambular sedienta.
Antes de irme, desliza una postal con un mar que no conozco,
adentro una carta. Por todo lo que soñé, no puede ser real.
Y yo misma, trato de separar tus pupilas de mi frente: la sal te hizo cambiar de parecer?
¿Es posible que ahora, después de visitar los paisajes más lindos del mundo, hayas perdido interés?
Nunca hubo alguien tan sensible como para pensar que el cielo le vive sonriendo. ¿Quién te espera?
Tu intención es, todas las mañanas, dar las gracias
una celebración santa, entre mis cejas despeinadas y mis lágrimas de sangre.
Estoy destinada a la fatalidad,
entre dioses perdedores existe una rosa
que se parece a un cuaderno que guardas, y besé antes de dormir.
La ternura existe entre tus brazos,
no quiero perderme la miel que prometiste.
¿Te sigue pareciendo bien que te pase una mano
por el pelo?
Yo solo nos recuerdo a nosotros.
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