Start writing for free on quadernoDolbach
Dormía el árbol del valle y en su sueño caminaba.
La piedra, redonda y suave, se excitaba con el roce de la dama que sobre ella descansaba.
Era la flor quien cantaba.
Y aquella luz de la tarde, como reflejo del agua, susurraba la leyenda de la huella en una playa.
La brizna de hierba, amaba.
Y en su norte, la montaña, acunaba al verde musgo, que de tristeza lloraba.
Llegó y sucedió la noche, con su menguante blanca, y al dar la hora del alba, el alba se despertaba.
Era, otra vez, mañana.
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