Volví de aquel Afelio y descubrí
algo macabro en el espejo.
Mis ojos ven, cuando los abro,
Que un monstruo habita mi reflejo.
Tiene piel de treintañero y está lleno de defectos,
Acentúa pelos blancos y está peleando con el tiempo.
Tiene tierra entre sus dedos, se siente semilla.
Se siente nuevo, se siente fresco.
Sabe que el reloj está corriendo y no puede detenerlo.
Le brillan los ojos. Se nota que vive otro ser por dentro.
Se agrieta poco a poco, se resecan sus ideas
que no plasmó en aquellos papeles
que ahora están su vereda. Tirados.
En un costado.
Como el mundo lo dejó, con los pies acalambrados
por el peso que cargó de ladrillos que no eran suyos,
mal acomodados. Para el muro de los otros
que no le convidan ni los puchos.
Él se los compra, y se los gasta, de su plata en su bolsillo,
los hace humo con el viento mientras medita con la muerte,
que lo que de vida le reste se lo preste en comodato.
y asume, el compromiso de vivirla, siempre,
acompañándose de algún gato… y una planta,
que oxigene su memoria.
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