Me dijiste sonriendo que te gustaría vivir en uno de mis rulos. Unos minutos después, yo te respondí que quisiera vivir en tu cuello. Pero lo que no te dije es que, quiero vivir en él para oler el perfume que elegís en la mañana antes de salir, y que quizás se podría haber esfumado con el viento que te encontró en la calle mientras caminabas hacía algún lugar. El perfume decidió impregnarse en tu piel, al igual que muchas veces yo quise hacerlo, con tanto amor y deseo.
Tampoco te dije que tu piel, que siempre es tersa, suave y blanca como una nube, me llama con ternura para que descanse en ella. Y yo, encantado, no tengo otra opción más que quedarme dormido. Porque no era sólo tu fino y delicado cuello el que me endulzaba, sino tu piel, tu cuerpo y tu alma a quienes yo quería sentir, y sobre todo, amar.
<3
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