Cuando recuerdo que tus ojos marrones cargados de tristeza aborrecen verse en el espejo y contemplar tu imagen solo puedo confirmar que no hacen más que equivocarse. No puedo culparlos, porque el hecho de que los míos tengan una opinión tan distante confirma que nuestra percepción no se debe a los sentidos sino a las experiencias. Esa distancia me obliga a envidiar las cualidades del espejo, porque no puedo mostrarte con su misma claridad la forma en la que te represento. No puedo mostrarte como para mi tu simbolo es el mar o sos el símbolo del mar, aquel que proporciona paz y caos a partes iguales, ruido y silencio, inspiración y pensamiento. Similar al mar nocturno, qué con la tranquilidad intrínseca de la soledad rompe las olas contra la arena vacía. Olas cuya espuma ennegrecida asemeja tu pelo enrulado, qué se desvanecen en la arena oscura pero limpia como una playa qué nunca fue explorada, qué se pierden como lo hago yo en tus ojos cargados de profundidad desconocida.
Aunque nunca aprendí a nadar aprecio la adrenalina de entrar al mar de noche, cuando nadie cuida a sus semejantes del canto de sirenas qué te obliga a sumergirte.

Emma Gamow
No soy buena con las biografías ni con los títulos pero quizás si con las palabras que brotan del teclado.
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