Me castigo
constantemente.
Me recuerdo que no,
que no soy nadie.
Silencio.
Espero.
Ayer, hijo del rigor.
Hoy, padre de la paciencia.
Soy consciente
de que no es mío
el día del desastre.
Me duele más
la culpa del ciclo.
Lo volví a hacer.
Destruí todo.
Hasta rogar que se queden.
No me dejen solo conmigo.
¡Estoy en peligro!
Sangre derramada,
llanto y locura.
El asesino escapó,
el arma, en la mano,
no dice más.
Te cambio todos mis días
por un papelito
que diga que me perdonas.
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Damaso
Reside en la eternidad y su reinado vive cuando los relojes mueren. Despiertan los predestinados a ser lo fuera de lo normal por poseer el don de ser portador del bello milagro.
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