Los días pasaron y es mi piel quien lo anuncia. Una corrida furtiva del lenguaje, corrompe y brota como un sueño de nunca más.
Allí donde late la prosa, me estiré buscando palabras precisas, esas que podrían revertir algo de lo que viste en mí. Fueron largos meses de piernas entrelazadas, de un sexo metódico, un pétalo frágil, precioso.
Algo de lo que leo me cuenta que estoy fragmentada, así como vos, como cualquiera. Que puedo gritar muda o que mis sueños saben más de mí que yo. Un reflejo oscuro, sin contorno, se me revuelca encima y algo me dice que eso también soy. Caprichosa penumbra en esta ciudad que me arropa y me escupe, me besa y me razguña. En este anticipo de primavera me siento alegre, distinta, mujer del mundo. Que hay algo en el decir que deviene liviano, que existe un terreno entre el fulgor de una palabra y el silencio total. Algo intermedio, un eco, una espuma. Que en las pestañas uno se acurruca y todo movimiento adentra un riesgo.
Ahora contemplo esta selva despeinada que es el lugar en el que elijo vivir. Me pregunto si será posible algún día agotar la sorpresa aquí y sé que la respuesta es no. Que ronda un enigma constante e infinito y yo me baño en él.
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