No, no te extraño,
tal vez extraño que te despidas de mí con un beso en la frente,
como si al cerrar los ojos pudiera sentirlo aún.
No, no te extraño,
tal vez extraño el brillo en tus ojos cuando me mirabas.
No, no te extraño,
tal vez extraño contar tus lunares con un beso.
No, no te extraño,
no, te extraño.
Pero suena extraño
que no quieras ni verme,
que la puerta permanezca cerrada,
aunque mi corazón espera,
tonto y obstinado,
que un día la cruces.
Y sin embargo, sé que no lo harás.
Sepultaron mi amor inocente
en el féretro impío
de un cuerpo
que ya no lleva mi nombre.
Aun así, guardo noches de insomnio
y besos desesperados,
suspiros que son testigos
de amores inacabados,
caricias que se deslizan
entre promesas nostálgicas.
Guardo gritos de “te quiero”
y un susurro de “te necesito”,
como quien guarda cenizas
pensando que un día
volverán a ser fuego.
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