Mirando el cielo, bajo el manto de la ocuridad; sus luceros radiantes me incitan a cavilar, miles de pensamientos que no logro atrapar. Uno de ellos, repleto de emoción; divaga en mi mente buscando el corazón. Se instala en ella sin autorización; es prófugo de la razón. Revolotea por la imaginación, entre la fantasía o el amor. Buscando explicación a su rojo carmesí, que anhela con todas sus fuerzas tenerte aquí. Inmerso en su desespero de tus ojos divisar, se cierran los míos y comienzo a soñar; un deseo ingenuo e inocente de, en tu mente, poderme encontrar.
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