Pasos al costado. ¿Qué tienen en común un disco, un libro y una pintura?
May 17, 2026

Parte 6:
Queendom.
Capítulo 2.
Introduje la llave en la cerradura y abrí la puerta. Dentro de la habitación había un ambiente templado, agradable, limpio. Había dos camas, dos mesas de luz, una mesa redonda y dos sillas, una estantería con libros, un baño, una ventana, algunas plantas y cuadros. Todo estaba hecho de madera de color naranja oscuro. Fue una sensación relajante, por fin teníamos algo cómodo para descansar.
Me había dirigido al baño, me di una ducha, y al salir observé el reloj encima de la puerta, marcaba las diez de la noche. ¿A dónde se habrá ido Galeano? Me pregunté. Irys se encontraba ya acostada y parecía haberse dormido. Me podían las ganas de ver el paisaje, entonces, me asomé unos segundos por el balcón, corrí la cortina de tela blanca y salí hacia afuera, y observé la ciudad. No había ningún guardia. Solo quedaba alguna que otra persona rondando y vagando por las calles, despreocupada. Eso era… Eso era lo que me hacía sentir la ciudad, despreocupado, con demasiada seguridad, a pesar de que sabía que alguien con algún poder destructivo se podía revelar en cualquier momento, la ciudad permanecía tranquila y esa tranquilidad lo invadía a uno. Aún no podía comprender la armonía del reino. Al observar desde el balcón, me pareció extraño y un tanto gracioso ver las casas, pues eran todas prácticamente iguales, una al lado de la otra, del mismo color y tamaño, y lo único apenas diferente era alguna que otra decoración personal que tenían, pero más allá de eso parecían clonadas. Había una paz increíble, me sentía como en casa por alguna razón. Las farolas en la vereda iluminaban de dorado todo a su alrededor. Las paredes rojas de las casas tomaban un color más naranja. Había algún que otro coche aparcado en la vereda, cero guardias. Cada tanto alguna que otra persona caminaba tranquila por la calle. Eran normalmente adolescentes vagando, e iban justamente por la calle y no por la vereda, tramando alguna travesura quizás, pero se divertían y reían. Eso era imposible en el Kingdom, las noches que estuve allí no recuerdo haber visto a nadie a horas tan altas y mucho menos haciendo "tanto" ruido como los jóvenes de aquí. Podía ver a los gatos en los techos apareciendo desde la oscuridad y escuchar un ladrido lejano que me tranquilizaba. A pesar de la iluminación clara, el cielo dejaba ver las estrellas esparcidas por todo el espacio. Y la luna, resplandecía de un blanco mágico, y la belleza del satélite era única. Me había acercado una silla y me senté a contemplar la noche. Quedarme viendo el paisaje me había producido bastante sueño, agaché la cabeza y crucé las manos, y descansé.
Me despertó súbitamente el resplandor del sol en mi cara. Abrí mis ojos de repente y sentí un dolor tremendo dado a la claridad. Me levanté de la silla y entré a la habitación. El reloj marcaba las siete y media de la mañana. Irys seguía durmiendo. Me sentía mejor, ya no tenía nada de sueño. Una vez descansé mis ojos de la luz, volví al balcón y observé la ciudad cobrar vida. Los coches empezaban a encenderse y largar humo. Los locales empezaban a abrir, sus luces se encendían, en lo que las farolas se apagaban. Me llamó la atención algo de lo que no me había percatado hace unas horas; con la luz del sol aprecie más claramente una elevación hacia dentro de la ciudad… las casas terminaban, y una construcción de lo que parecía metal, de varios metros de altura, se alzaba. Su forma era de semicírculo, rodeando al reino como un anillo. Arriba de la elevación había más casas y parecían más grandes. Por si fuera poco, en este otro "sector" elevado, había otra subida, otro sector más, donde las casas se veían aún más lujosas y altas. Me parecía una extraña planificación para un reino, aunque era fascinante.
Las horas pasaron, comí y bebí algo, leí algunos libros de la estantería y me relajé en la cama. Luego de un par de horas, despertó Irys.
—¡Buenos días, dormilona! —le dije.
Ella se sentó en la cama, me miró con los ojos entreabiertos, se los restregó, y bostezó
—Buenos días... —dijo con gran fiaca.
—¿Galeano no ha vuelto?
—Aún no. Pero vendrá pronto de seguro.
Se dirigió al baño, tomó un poco de comida de su mochila y se fue al balcón.
—¡Qué diferencia! —la escuché decir, y luego volvió y se sentó en la cama—. ¿Has visto? ¡Es maravilloso!
—¿El reino? Es hermoso, sí. Lo prefiero mil veces antes que el Kingdom.
—¿Jim? —se escuchó del otro lado de la puerta—. Soy Galeano.
Tomé la llave y le abrí la puerta. Irys estaba emocionada de verlo de vuelta.
—¿Cómo lo han pasado? ¿Todo bien? —dijo al entrar.
—Si, bien… ¿Y Bara? —repuse.
—Está afuera. Conseguí una cuerda vieja y la até a un poste. Será mejor apresurarnos, lleven sólo lo necesario, sólo un poco de comida y agua para las próximas horas —dijo.
Dejamos todas nuestras mochilas excepto una, en la cual pusimos un poco de comida y agua, pero ese "poco" era prácticamente todo lo que nos quedaba. Así que, le pusimos toda nuestra comida, bebida y la llevó puesta Galeano. Salimos y cerramos la puerta con llave, tomamos el elevador y nos despedimos de la recepcionista. Afuera nos esperaba Bara atada y tranquila, echada en la vereda, sin tener idea de qué es lo que la rodeaba, y debido a sus ojitos cerrados y su postura pacífica seguro ni le importaba lo que hubiera o no hubiera a su alrededor. Galeano la desató, le acarició, y luego comenzamos a caminar hacia el castillo
Era ya mediodía, el sol se encontraba justo encima de nosotros, y nos quemaba. Sudábamos a pesar de ir ligeros, y tuvimos que recurrir a descansar cada treinta minutos para beber de unos grifos de agua y no usar lo que teníamos para no desperdiciar, incluso rellenamos las botellas de agua y las cantimploras que teníamos con agua del grifo. Aún había alguna que otra persona por la calle, pero sin duda mucho menos movimiento que hacía un par de horas.
No pasó mucho tiempo hasta que pudimos ver a lo lejos la construcción de hierro que se elevaba en forma semicircular.
—¿Qué es aquello? —pregunté.
—¿La división? —dijo—. Así es como se divide el reino. Está el sector bajo, que es en el cual nos encontramos, luego está el medio que es a donde vamos, y el sector alto que es donde está el castillo.
—¿Son divisiones de clases sociales? —repuso Irys.
—Algo así…
—¿Y subiremos hasta allí? ¿Tienen algún ascensor?
Galeano asintió y respondió:
—Ya lo verás…
Las calles eran más bien aburridas, todas eran prácticamente iguales y lo único "diferente" era la decoración que los negocios tenían en el frente de sus locales. Era monótono, pero funcionaba. Era un ambiente agradable a pesar de su común estructuración.
—Qué tranquilo… ¿No están por aquí tus amigos? —dije, refiriéndome a los perros de Galeano.
Por el camino nos habíamos cruzado con algún que otro canino y felino, los acariciábamos momentáneamente y proseguíamos con el camino, pero me había parecido extraño que ninguno de ellos se entusiasmara con Galeano, y nos comenzaran a seguir, como ocurrió en otros reinos.
—No he estado aquí en décadas… los amigos que una vez tuve aquí, estarán ya muertos.
—Entiendo —respondí asintiendo, apenado por haber preguntado.
Luego de un rato, nos detuvimos cerca de la gran muralla de metal para tomar agua de un grifo. Las casas y la calle casi terminaban y se extendía un pequeño suelo de pasto donde estaba ubicada la muralla de hierro que dividía los sectores del reino. Cada pocos metros alrededor de la muralla, había una puerta que se abría, entraban y salían personas, y volvía a cerrarse, como un ascensor en forma de cilindro. La muralla era de metal, pero lo interesante era que en vez de ser sólida, parecía más bien un tanto hueca, y llena de ramificaciones metálicas que en conjunto daban la impresión de que, vista de lejos, fuese maciza. Los espacios vacíos entre el metal que conformaba el interior daban paso a más metal detras de ellos, hasta perderse en un fondo negro en lo profundo de la estructura.
Luego de tomar agua nos acercamos a un ascensor y subimos por él. Este no difería del que había en aquel hotel; tenía en el centro del piso y el techo un círculo de vidrio, un espejo y varios botones. Junto con nosotros entraron una señora y un niño. La señora luego de esperarnos, tocó uno de los botones y las puertas se cerraron. En pocos segundos las puertas se volvieron a abrir y nos dio paso al sector medio. Las casas pasaron a tener casi todas un primer o incluso un segundo piso. El pasto y las veredas tenían un mejor tono y estaban más limpias, el suelo de piedra era liso y sin grietas y las calles no tenían ni un solo bache ni pozo. Me detuve un momento y me giré hacia atrás, y me dirigí hacia el borde del sector y observé. Pude tener una vista plena del sector bajo, y era impresionante. El paisaje era casi completamente de un color rojo oscuro debido a las casas; las calles se movían, llenas de gente, habían árboles puestos casi perfectamente simétricos, uno detrás de otro por las veredas. Los caminos se dividían en más caminos, parecía una colonia de hormigas.
Irys y Galeano se habían dado la vuelta también y se acercaron a ver.
—¿Qué les parece? —dijo Galeano con una sonrisa.
—Es muy bello —respondió Irys.
—Es increíble lo bien hecho que está todo… y la buena armonía que hay —dije.
—Así es —respondió él—. Es un buen lugar, pero es una lástima su situación.
—Quizás por eso sea un buen lugar… porque son "potencia", quiero decir, el hecho de que tengan un buen poder en sus manos y estén bien posicionados en la guerra, ha hecho que la gente de aquí permanezca contenta. ¿No crees? —le pregunté.
—Es recíproco —respondió—. Las personas de este reino trabajan en completa armonía y viven despreocupados, porque confían plenamente en su rey. El rey les brinda la seguridad que necesitan, y los ciudadanos ponen de su parte, contribuyen a la causa alistándose en los cuarteles si hace falta, prestando una mano donde se necesite, porque tienen una buena economía, porque casi no hay nadie en situación de calle, porque al final del día pueden volver a sus casas y estar tranquilos. Han logrado formar algo sólido, es digno de admirar.
Galeano se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia las casas del sector medio. Irys y Bara le siguieron detrás. Me había quedado pensando un momento en lo que dijo... tiene razón, me dije al fin, y comencé a caminar dando un último vistazo al sector bajo.
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