Pasos al costado. ¿Qué tienen en común un disco, un libro y una pintura?
Apr 29, 2026

Parte 5:
Blue Dream.
Capítulo 1.
Me despertó Irys. Abrí los ojos lentamente y ella estaba cerca mío, agitando mis hombros con sus brazos.
—¡Buenos días, dormilón! —dijo, y sonaba muy alegre.
—Buenas... —dije bostezando.
Nuestras cosas ya estaban todas empacadas, sólo faltaban las mías. Galeano estaba de espaldas, acariciando a Bara, mirando hacia el horizonte. Me enjuague la cara con agua, guardé mi manta en la mochila y entonces Galeano nos guió hacia nuestro nuevo destino.
Debían de ser las siete u ocho de la mañana. Me sentía descansado, a pesar de que los recuerdos del día anterior aún me atormentaban.
Luego de cruzar a través del bosque de pinos secos y altos, solitario, donde sólo se escuchaba el crujir de las hojas y un cántico lejano de un par de pájaros, llegamos a un campo amplio, donde empezaba a haber arena, y se extendía una playa de brillante, y ligeramente oscura, y luego el océano, que no era tan claro ni transparente, sino que más bien tenía un color azul oscuro, turbio.
Observé el cielo y me llené los pulmones de aire. Aire fresco. Y exhale, y entonces vi por un momento al sol, y a su lado casi invisible, estaba la luna.
—¿La luna siempre tuvo… una zona de color marrón? —pregunté señalando hacia la luna.
Irys y Galeano miraron hacia el cielo.
—Oh, ¿no te enteraste cuando sucedió? Salió en los periódicos… Me acuerdo que tenía ocho años cuando ocurrió aquello —me dijo Irys.
—Así es… cuando la luna fue tomada, usurpada del patrimonio mundial… Fue furor, estuvo en boca de todos… fue un desastre —dijo Galeano.
Los miré con duda.
—Es la base de Demian, antiguo rey de Loundreau. Nadie sabe qué ocurrió, un día sin más decidió abandonar su reinado y tomar un vuelo a la luna, para hacer allí su base.
—¿Y qué hace allí? ¿Nadie sabe por qué lo hizo?
—Se cree que se volvió loco. No hubo más signos de él, hay un telescopio que de vez en cuando lo vigila, vigila su base allí en la luna, pero los investigadores no han querido mencionar nada al respecto.
Bordeamos la costa, yendo casi al ras de las montañas, las cuales no eran muy grandes, y llegaban hasta casi topar con la arena. Las franjas azules de bruma continuaban extendiéndose, y parecía que a medida que nos acercábamos al reino, las franjas se iban haciendo más turbias y anchas.
—¿Es obra de aquel hombre estas franjas? —le pregunté a Galeano.
—¿Hm? ¿A quién te refieres? —me respondió.
—A aquel hombre que invadió el reino ayer, el que tenía las manos azules…
—¿Fred? No, no… él no tiene nada que ver. Es otra persona la causante de la bruma, pero no se sabe exactamente quién.
—Interesante… ¿Y qué hay de ese lugar, el Blue Dream? ¿Hay alguien allí?
—Pues… no lo sé con exactitud… Sinceramente estamos haciendo este recorrido, como ya he mencionado, para esquivar el frente de batalla. Y desconozco lo que pueda haber en el antiguo Marcus…
—El antiguo Marcus… —murmuré.
—La única vez que he venido a estas tierras, es cuando aquí aún existía el Marcus… una vez ocurrió la tragedia, no he vuelto a venir.
—¿Qué es el Marcus? —inquirió Irys.
—¿No has oído hablar nunca del Marcus? —dijo Galeano.
—Eh… se que algunos de mis amigos… los del Gran Circo, venían de ahí… —respondió Irys, arrugando las cejas.
—Así es. El Marcus que aquí hubo una vez, era una gran atracción turística en sí. Había maravillas, entretenimiento, varios artistas… era un buen lugar para vacacionar —explicó Galeano—. Se sabe que quedó en ruinas y que la mayoría de sus habitantes murieron. Algunos de los sobrevivientes, algunos artistas, se unieron al Gran Circo en construcción en el reino del Tardío Amanecer.
Irys abrió su boca con asombro al escuchar a Galeano.
—El resto de supervivientes se fueron hacia el norte, y con ayuda de algunos campesinos y otros hombres provenientes de Loundreau, formaron el nuevo Marcus. Pero allí el clima es más frío, el nuevo Marcus se formó sin la idea de que fuese como el anterior, y en cambio, junto con los desacuerdos de ideas entre los trabajadores, el nuevo reino terminó siendo una mezcla de ideas. Es, en parte, sitio vacacional; en parte zona urbana, tranquila, en parte zona rural con su ganadería y algunos cultivos… Esa mala ejecución hizo que el reino no tuviera el mismo impacto que el antiguo Marcus. Pero no por ello deja de ser un buen reino. Actualmente se encuentra prosperando a un paso lento, intentando reponerse del accidente.
El horizonte se oscureció y se tornó azul a medida que caminábamos y Galeano nos contaba la historia. La bruma, espesa y celeste, se pronunció cada vez más, hasta que la tuvimos a no más de medio kilómetro de nosotros, y se veía como una manta opaca, oscura, que cubría de incertidumbre y veneno lo que sea que hubiese detrás.
—¿Será seguro ir allí? ¿Encontraremos algún disco? —pregunté.
—Deberíamos entrar y salir en un día como máximo —repuso Galeano—. No sé lo que nos depara o con qué nos encontraremos. No se sabe nada de este reino desde que quedó en ruinas, nadie ha querido acercarse tanto como para investigarlo.
—Entiendo. Una cosa más… ¿Qué fue aquello que apareció ayer? En el reino aparecieron cuatro figuras a caballo hechas de relámpagos.
—¿Eh? ¿A qué te refieres? —Inquirió Irys.
—Así es, aparecieron cuatro caballeros. Fue obra de Douglas, un rey, aliado de Mickael. Es un rey loco. Su manera de actuar no es la adecuada ni la óptima. Será mejor que no pregunten sobre eso… es un tema complicado.
—No recuerdo eso... —dijo Irys.
—Habías caído inconsciente durante la batalla.
—Oh... cierto.
Nos estábamos acercando a la bruma, y de ella se podían apreciar siluetas de edificios.
—Eso de allí es Ensueño, un pequeño poblado perteneciente al Antiguo Marcus —dijo Galeano señalando las siluetas.
La bruma no dejaba ver más allá de quince o veinte metros a nuestro alrededor. Pero pronto las siluetas se hicieron más próximas, y no tardamos en tenerlas de frente. Las siluetas daban miedo, pues a pesar de que eran "claramente" edificios, uno no podía estar seguro, y mi mente comenzaba a imaginarse los peores monstruos detrás de aquella bruma.
—Este lugar me da escalofríos —murmuró Irys.
—No pasará nada. Sólo hay que estar atentos a nuestros alrededores y mantenernos juntos —dijo Galeano.
Observé que en la distancia, más allá de la playa y por sobre el océano, se alzaba lo que parecía un muelle, uno largo, y cerca de este otros dos más pequeños. Nos topamos con cabañas completamente destruidas, flores, árboles y arbustos muertos, marchitos. Los carteles de los locales se encontraban en el suelo, y la madera de ellos estaba podrida, rasgada, y la pintura que una vez tuvo estaba desgastada. En el ambiente se respiraba un aire mucho más denso, turbio, húmedo. Si lo tenebroso, el terror y la melancolía se pudieran oler, ahora mismo estaríamos oliendo eso, pensé.
Se escuchó de repente una seguidilla de pisadas secas, provenientes de la playa, y las voces de dos hombres. Galeano se detuvo e interpuso su mano, deteniendo nuestro paso. Irys y yo nos habíamos alarmado, y retrocedimos unos pocos pasos hasta casi chocar contra los muros de madera de una de las cabañas. Sea lo que sea que estuviese detrás de la bruma, hombre, animal o monstruo, nos había escuchado. Galeano tomó en brazos a Bara, ya que ella no se había enterado de las voces ni de las pisadas, y casi se perdió de vista al estar vagando por alrededor.
—¿Quién anda ahí? —se oyó, fue una voz masculina, grave y ronca.
—¿También lo escuchaste? —dijo otra voz masculina, era un poco más aguda, y provenía del mismo lugar.
Las pisadas de aquellos hombres iban acercándose, y nuestros ojos observaban expectantes, lo que estaba por aparecer desde la neblina.
—¿Corremos? —atisbó Irys, con cierto nerviosismo.
—No se preocupen… sólo somos un par de mochileros. No queremos—
Galeano paró a media oración, pues tanto él como nosotros nos habíamos quedado petrificados cuando los hombres traspasaron la cortina de niebla, y se hicieron presentes. Los veíamos, y ellos nos veían. Los hombres se detuvieron y nos observaron. Uno de ellos era rechoncho, con una cara desagradable ante cualquier ojo, tenía arrugas, verrugas, una nariz gorda, llevaba puesto un sombrero roto, era calvo e iba vestido con ropa harapienta, que a duras penas le cubrían su pecho y sus partes íntimas. El segundo era algo más alto y flaco, aunque ligeramente corpulento y no era tan viejo ni abominable a la vista como el primero, pero su vestimenta no difería. Cada uno de ellos llevaba una cubeta y una caña de pescar.
—¿Mochileros, dicen? —dijo aquel hombre con más arrugas, y volteó a mirar a su amigo.
—Deben estar seriamente perdidos… —repuso el segundo.
—Así es… Déjenme presentarme… —dijo Galeano.
Galeano estuvo a punto de continuar, pero se detuvo en cuanto vio que el hombre más gordo comenzó a acercarse hacia nosotros.
—¡Nah, pura mierda… digan ahora que es lo que quieren!
Galeano seguía con la vista al hombre, hasta que se acercó demasiado a nosotros, y entonces en un movimiento fugaz, Galeano desenfundó su revólver, le quitó el seguro y le apuntó directo en la cabeza. El hombre soltó su cubeta y su caña y alzó sus manos, manos que también eran demasiado gordas, sucias y llenas de ampollas.
—Ni un paso más… —murmuró Galeano.
El hombre se quedó completamente quieto y su amigo no había dicho una sola palabra, ni movido un sólo músculo. El hombre viejo y gordo giró muy despacio su cabeza hacia atrás, él y su amigo cruzaron miradas, y luego volvió a mirarnos.
—¿Quienes son…? ¿Viven aquí? —les preguntó Galeano.
—No hace falta recurrir a la… violencia —dijo aquel hombre viejo, con una risa nerviosa—. ¿Gustan pasar a conversar? No es bonito respirar esta bruma como verán, ni siquiera lo es para nosotros que estamos aquí desde hace años.
El hombre movió su brazo, y con la mano abierta señaló hacia una de las cabañas.
—¿Crees que será buena idea? —le susurró su amigo.
—No quiero estar aquí… —dijo Irys, acercándose y apoyando una mano en el antebrazo de Galeano.
La vi bastante asustada, dirigía sus ojos hacia todos lados pensando en que pudiera haber algo o alguien acechando. La atmósfera era ciertamente tétrica. La bruma alrededor era espesa como ninguna que haya visto antes, y de ella, un polvo azul volaba formando estelas y formas extrañas, perturbandonos la mente, haciéndonos imaginar cosas. El aroma en el aire era enfermizo, pareciera que estuviésemos respirando polvo. Galeano tranquilizó a Irys, y luego aceptó la propuesta de aquel hombre. Ellos dieron unos pasos hacia adelante, luego, el hombre más viejo pidió permiso, a lo que Galeano bajó su arma y la enfundó, aunque mantuvo su mano en ella, preparado para disparar en cuanto sea necesario.
—Gali… —susurró Irys.
—No dejaré que nada malo les pase, ¿sí? Estoy intentando conseguir algo de estos hombres, nos iremos más pronto que tarde —nos dijo Galeano.
Los hombres nos guiaron por la bruma hasta una de las cabañas.
—Entonces dígannos… ¿De dónde vienen? —nos preguntó el hombre gordo.
—De muy lejos… —se limitó a contestar Galeano.
—De muy lejos… —repitió el hombre—. ¿Y qué los trae aquí?
—Estamos tomando notas de este reino, o de lo que una vez fue. Quizás ustedes nos podrían contar algo sobre la historia de este lugar, más concretamente sobre el Blue Dream —dijo Galeano.
Nos habíamos detenido frente a una puerta de madera. El hombre gordo se detuvo frente a una puerta, alzó su gruesa y grotesca mano, la apoyó sobre el picaporte, y la abrió.
—¡Eh! Ahí, límpiense antes de entrar —dijo, señalando con la otra mano hacia un trapo viejo y harapiento que estaba en el suelo.
Ellos entraron primero, se limpiaron sus zapatos viejos y entraron, pisando el suelo de madera que chillaba y se quejaba del peso. Entramos, nos limpiamos los zapatos, y junto con Irys y Galeano, nos miramos. Ella y yo estábamos inseguros del plan, pero Galeano parecía decidido.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.

Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in