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Pasos al costado. ¿Qué tienen en común un disco, un libro y una pintura?

May 17, 2026

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Pasos al costado. ¿Qué tienen en común un disco, un libro y una pintura?
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Parte 6:

Queendom.

Capítulo 1.




El sol casi se ponía, una vez descansamos lo suficiente, retomamos el camino luego de apreciar las vistas y de habernos saciado con comida y agua.

El reino, cuando logramos estar más cerca, vi que en efecto, estaba construido al regazo de una montaña, y se encontraba rodeado por un círculo de altas murallas oscuras. Aún desde varios kilómetros de distancia, se podía apreciar el color predominante del reino; a diferencia del Kingdom, con colores más vivos y relucientes como el plateado y el dorado, el Queendom poseía colores un tanto más apagados, colores violetas, azules, negros y rojos. Y lo que más destacaba eran unas altas torres puntiagudas que sobresalían desde las profundidades del reino, y que desde la lejanía se veían tenebrosas.

El suelo se tornó seco, árido y agrietado, había pocos árboles, pocos arbustos, poco pasto. Habíamos llegado a una angosta carretera que se dirigía directo hacia las puertas del reino. Logramos arribar llegada la noche, y nos detuvimos frente a las gruesas murallas, de un hierro oscuro y de buena calidad, a simple vista parecía una muralla impenetrable. Las puertas de la muralla se encontraban completamente abiertas de par en par, y frente a ellas dos personas la custodiaban; un hombre y una mujer, que recibían a los visitantes, los detenían momentáneamente para revisarlos y luego les daban el paso para entrar. El hombre iba vestido con ropa muy liviana, como de tela, era joven y tenía un pelo largo y marrón. La mujer iba vestida de forma similar, era robusta y tenía un pelo marrón y corto. Su ropa era holgada y también de tela. Cada uno de ellos leía un libro, que dejaban momentáneamente a un lado luego de cobrar la entrada a los visitantes. La cara de la mujer se me hacía muy familiar por alguna razón, sentí haberla visto antes. 

Antes de cruzar por la puerta, Galeano sacó unas monedas de su mochila y se acercó a la mujer.

—¿Cómo has estado Charlotte? No hemos venido a causar problemas.

Galeano le tendió la mano y abrió su palma, le estaba ofreciendo ocho monedas. La mujer se sorprendió por un segundo, luego, se irguió y mencionó con una cara muy seria:

—Sí que tienes huevos de aparecer por aquí…

La mujer se dio la vuelta un segundo y dio un silbido. Y a los pocos segundos, cuatro guardias corpulentos, dando grandes y pesados pisotones, se acercaron a nosotros.

—Espero que no te moleste. Sólo será un momento —dijo la mujer.

Los guardias, armados con una pesada y oscura armadura, se acercaron y nos ordenaron mantenernos quietos. Nos revisaron de arriba a abajo, nos quitaron las mochilas y las inspeccionaron. Habían encontrado la cajita de madera donde estaban los discos, tomaron la caja, junto con el revólver de Galeano, y se la mostraron a la mujer. La mujer observó detenidamente el revólver. Le abrió el tambor, vio que no tenía balas, y sin más, lo cerró y se aseguró de que el seguro estuviese bien puesto.

—Aquí están las balas —dijo uno de los guardias, abriendo su palma, mostrando una pequeña cajita de cartón con unas pocas balas.

La mujer observó la cajita, y luego miró a Galeano.

—¿Qué es esto? ¿Tu nuevo juguetito? 

—No hemos venido a hacer daño —repuso Galeano.

El guardia se acercó a la mujer y le mostró más de cerca las balas.

—No son balas comunes y corrientes... ¿Y dices que no vienes a causar problemas? —dijo, y se quedó mirando a Galeano.

Luego, tomó la caja de madera y la destapó. Y observó los discos. Tomó uno por las yemas de sus dedos, lo alzó levemente, lo miró y luego lo volvió a dejar.

—¿Estos son reales? ¿Qué mierdas haces con... todo esto, Gali? Dime, ¿a qué vienes?

—No causarnos daño, lo prometo, Charlotte. Hemos venido porque tenemos una misión que cumplir, y debemos ver a Fred.

La mujer no le quitó la vista de encima a Galeano, lo miraba con intriga, dudando de sus palabras. Y entonces, recordé dónde es que había visto antes a la mujer; era la mujer que estuvo aquella noche, en el Kingdom, la mujer que estaba al lado de Fred. Me acordé que su extraña habilidad podía deformar el entorno.

—¿No crees que es raro que aparezcas por aquí luego de lo ocurrido... Y más aún con estos objetos que traes? Gali… ¿qué ha pasado? ¿Ahora eres del bando enemigo?

Los guardias terminaron de revisarnos y no encontraron nada más. Galeano bajó sus brazos y volvió a extenderle la mano que contenía las monedas a la mujer.

—Estás exagerando simplemente. Sabes bien que jamás me revelaría contra ustedes. Pero lo que hicieron en el Kingdom... fue atroz, imperdonable. Debo presentarme ante Fred, es importante, por favor, déjanos entrar.

La mujer tomó las monedas y se las guardó en el bolsillo. Hizo una señal y los guardias volvieron a sus puestos, nos dejó pasar y le devolvió el revólver y la caja a Galeano.

—Siempre hemos confiado en ti, Galeano. Y eso siempre me pareció mala idea. De todas maneras no soy quién para juzgar las decisiones de la reina, ándate con cuidado, Galeano. Y no me metas en problemas, después soy yo quien paga las consecuencias.

—Gracias Charlie, te lo agradezco ¿Sabes dónde puedo conseguir el periódico de hoy?

—Los vendedores ambulantes andan repartidos por doquier… siempre hay uno por aquí, en la calle principal —dijo la señora, señalando dentro del reino.

Galeano agradeció una vez más y entonces continuamos hacia dentro del reino.

En los primeros cien metros de reino no había ni casas ni ninguna otra construcción, sólo un muy bien cuidado piso de adoquín gris, un lago que tomaba la forma de un anillo, encerrando al reino, y cada tanto pequeños puentecitos que lo cruzaban y pequeñas farolas que iluminaba tenuemente el suelo y los puentes. Alrededor del lago había arbustos y pasto, pero la vegetación parecía crecer aún así a duras penas, pues no poseían un verde muy vivo, incluso parecían estar ligeramente marchitas.

El contraste entre lo gris y oscuro del reino y lo vivo del agua y el pasto, era extraño, pero agradable, como si el lugar lograra transmitirme tranquilidad.

Las primeras casas que había después de cruzar el puente, eran pequeñas, hechas de una piedra dura y oscura, y cada uno de los hogares contaba con un patio. Las personas las había por donde sea, caminando por las veredas o viajando con sus coches y carruajes por la calle. Comprando fruta y verdura o paseando con sus mascotas. Pronto Galeano encontró al vendedor de periódicos, un hombre viejo. Le tendió dos monedas y este le entregó un ejemplar.

—¡Increíble! —dijo Galeano luego de abrir el periódico.

—¿Qué sucede? —dijo Irys.

—El periódico aquí está a la mitad de precio que en el Kingdom... —Galeano chasqueó con la lengua y sonrió— A ver, veamos...

Los dos, Irys y yo, nos pusimos a cada lado de Galeano y observamos el periódico. La portada tenía por título "¡Las piezas se mueven!" Y abajo, lo que parecía el mapa del mundo donde habían apoyadas varias piezas de ajedrez. 

—Esto no me gusta… —susurró Galeano.

Galeano pasó rápido la hoja, y la siguiente explicaba más en detalle lo presentado en la portada. En pocas palabras el texto hacía mención a lo ocurrido hacía cinco días, la destrucción del Kingdom, y cómo eso repercutió en otros reinos, ya que se supo que el Queendom fue responsable de aquella destrucción. "Primero, el Tardío Amanecer. Luego, lo sucedido en la Corte Carmesí. Ahora, el Kingdom. En un lapso de poco más de diez días han ocurrido tres grandes guerras… ¿Qué estará pasando?" Era la pregunta del relator.

Galeano se detuvo, alzó la mirada y recorrió con su vista la ciudad. Entonces, le dio el periódico a Irys.

—Toma. Hazme saber si encuentras algo más.

Irys tomó el periódico y comenzó a pasar página por página.

—¿Y a dónde iremos? ¿Directo a por el disco? —pregunté.

—Ya es de noche. No nos queda casi comida ni agua, y los negocios ya casi cierran... será mejor irnos a un hotel y pasar allí la noche con lo que tenemos.

Galeano, luego de observar su alrededor, continuó caminando.

Algo que no podía parar de mirar, era que las casas parecían casi idénticas unas de otras. Tenían la misma estructura, el mismo tamaño, la misma forma, y poseían la misma cantidad de patio. Lo único diferente era alguna que otra decoración que el dueño decidiese poner, pero en general era muy monótono.

Al caminar por la vereda, observé con intriga los locales, y pude ver como algunas personas utilizaban sus poderes para facilitar el trabajo. Vi que objetos se movían por arte de magia, y entonces vi que era obra de la habilidad de una persona, levantando cosas pesadas sin mucho esfuerzo con una especie de telequinesis. Habían otras tantas personas que sin más utilizaban su super fuerza para cargar con toneladas de cajas pesadas. Vi también un restaurante que tenía varios mozos, y todos eran iguales, exactamente iguales, como clones, y realizaban las tareas de forma bastante eficaz, sin ningún tipo de error. Por último, en los cielos volaban un montón de personas que parecían algún tipo de mensajeros o repartidores, pues cargaban en sus espaldas mochilas grandes, los veía aterrizar lejos, y luego volver a subir a los cielos y dirigirse a otra zona y repetir la acción. Me preguntaba cómo es que el reino se mantenía en armonía a pesar de que las personas podían utilizar sus poderes libremente.

—"El rey Mickael se encuentra recuperándose." —mencionó Irys señalando con un dedo el título en el periódico.

Los dos, tanto Galeano como yo, dirigimos nuestras miradas y nos concentramos en el periódico. Me sorprendí al saber que el rey no había muerto. El texto mencionaba que Mickael se encontraba descansando y recuperándose en Quinto, la ciudad más cercana. Se menciona también que él había hablado y que juró vengarse del Queendom. "La ciudad quedó devastada." "En los cinco días, se reconocieron al menos 15000 cadáveres, y se estima que es apenas la mitad del total..." "Muros, casas, e incluso el propio castillo quedó en las ruinas, y el fuego ardió durante toda la noche, oscureciendo los cielos de un humo oscuro que sepultó al reino."

—¡Qué destrucción! —exclamó Galeano.

—"Está en boca de todos..." "Ya lo sabe todo el mundo, reyes del Marcus, Loundreau, Tardío Amanecer, hasta del reino devastado, todos tomaron cartas en el asunto y piensan unir fuerzas para invadir el Queendom." —leyó Irys.

—¿Qué pasará? —pregunté—. Será una verdadera masacre si ocurre el choque de tantos reinos… morirán todos aquí.

—Todos están en contra de este reino… lo estuvieron durante décadas y décadas. Si aún no lograron derrocar al rey, Fredericka, pues entonces dudo que logren algo —mencionó Galeano.

—¿Tú crees? ¿Son tan fuertes las personas de aquí?

—Si… aunque nunca hubo un suceso tan problemático como el casi matar al rey del Kingdom. Entonces, dudo que antes hayan unido fuerzas e intentado invadir este reino. Es decir, puede que de verdad se avecinen tiempos duros y oscuros para la gente de aquí.

—Entiendo. ¿Pero qué los hace tan fuertes? ¿Por qué este reino parece no temerle a nada? Dado que están prácticamente contra el mundo.

—Pues, no están solos contra el mundo. Como les he dicho, cuentan con un gran aliado por allá en la Ciudadela Salvaje… y ellos acudirán si el Queendom se encuentra en problemas, y viceversa, ya que solo se tienen el uno al otro, y a nadie más. Además, no sé qué tan fuertes o numerosos serán en la ciudadela, pero aquí al menos, si en algo destacan es en la capacidad ofensiva y defensiva que tienen, además de que el rey es muy buen estratega —explicó Galeano.

—Interesante, ¿y cómo es que han podido penetrar aquella noche? ¿Cómo es que entraron en la habitación del rey sin que nadie pudiera verlos? —pregunté.

—Yo creo que primero y principal Mickael fue un arrogante y estúpido… no tomó las medidas necesarias… no mejoró sus defensas, y puso en riesgo no solo a él, sino también a su gente. Segundo, y no es descabellado pensarlo, la invasión al reino lo han estado planeando desde hace meses… quizás años. Junto con ayuda de sus habilidades pudieron fácilmente hacerse invisibles e ir escuchando y acercándose al reino. 

—¿Y por qué crees que hayan dejado vivo a Mickael? —preguntó Irys.

—Conociendo a Fredericka, lo dejó vivir por simple diversión. A él le gusta ver sufrir a sus enemigos.

—Fredericka… —susurré.

—Por ahora nos quedaremos aquí a pasar la noche… —dijo Galeano.

Se detuvo en un hotel, dejó a Bara afuera, y abrió la puerta de vidrio. Dentro, la recepcionista atendía detrás de una barra, no había mucho más además de alguna que otra planta y dos ascensores.

—Buenas noches… —saludó Galeano.

—Buenas noches —respondió ella.

—¿Cuánto es la noche? —dijo Galeano sin apartar la vista de la puerta, vigilando a Bara.

—100 monedas por noche en habitación para dos, 180 en habitación para cuatro, caballero.

—¿Ofrecen algún tipo de servicio a la habitación?

—Solo técnicos y limpieza sin cargo extra. Aquí a dos casas —dijo la chica, asomándose por la barra y señalando hacia afuera a la derecha—, tienen Media Luna, el mejor café bar del sector bajo.

—Bien, entonces será una habitación para dos, gracias.

Galeano sacó de su bolsillo unas cuantas monedas y se las ofreció a la chica.

—Muy bien, señor.

La mujer tomó las monedas, las contó, y luego agarró detrás de su barra, de entre unas cuantas llaves expuestas en la pared, una, y se la entregó a Galeano.

—Segundo piso, habitación 4.

—Gracias —agradeció él.

Se giró a mí y me tendió las llaves.

—¿Qué harás? —le pregunté.

—Ustedes usarán la habitación… yo me iré con Bara a ver unas cosas.

—¿Tú no vendrás? —dijo Irys

—Usenla ustedes. Yo me iré por esta noche.

Galeano se despidió, salió por la puerta, y junto con Bara se fueron caminando.

Nosotros nos despedimos de la mujer y tomamos el ascensor al segundo piso.

—Increíble… —murmuró Irys, contemplando el ascensor.

El ascensor era particular, hacía contraste con el resto del hotel. Trataba de mantener su tono oscuro, pero era muy lujoso y extraño por dentro; en el centro del suelo, al igual que en el techo, en forma de círculo, había un vidrio que dejaba ver la instalación. Una de las paredes tenía un espejo y en el resto había unos botones extraños que no eran para subir a los pisos, sino que parecían servir para algo más, pues tenían símbolos extraños. Nos quedamos viendo unos segundos el interior, hasta que divisé el tablero de plantas y apreté el del segundo piso. La puerta se cerró, y en cuestión de no más de tres segundos, se volvió a abrir. 

—¿Ya? ¡Que rápido! No tienen de estos en el Far Away Irys, no que yo sepa.

Delante nuestro se abría un pasillo con varias puertas y alguna que otra maceta con una planta dentro y cuadros en las paredes como decoración. Nos detuvimos en la habitación número cuatro.


Agustín D.

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