El mercadito chino es, desde hace un tiempo, mi único medio de comunicación. Recién, por ejemplo, mientras escogía los productos que necesitaba, me enteré que, anoche, dos sujetos intentaron ingresar a una vivienda, aprovechando la ausencia de sus dueños, pero alguien alertó a la policía, logrando frustrar el robo. “Ya no se puede ni salir a la vereda”, dijo una señora, indignada. “Ayer le tocó a la familia González y hoy le puede tocar a cualquiera de nosotros”, agregó un señor. “Es una vergüenza, estamos cada vez peor”, comentó el carnicero mientras pesaba carne picada. “Hay que poner mano dura, lamentablemente no hay otra solución”, exclamó el fiambrero…
La inseguridad es el tema más frecuente. También suelen conversar sobre los aumentos de precio en los productos básicos y en los servicios indispensables. Y a veces buscan distraerse de lo malo, discutiendo sobre partidos de futbol. Yo nunca participo y trato de salir lo antes posible. Pero los pasillos que forman las góndolas son largos y estrechos.
Adonde vaya, las personas parecen parlantes, extensiones de una gran radio.
¿Es que la literatura solo se encuentra en los libros?
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