Has sacudido mi ser en una forma que no entiendo, no te miento cuando te digo que el estado en el que me encuentro suena a un cuento de fantasía...
Un cuento de reyes y reinas, de caballeros y fieras, de príncipes nobles, de hermosas princesas. Así ha sido desde el momento en que llegaste a mi universo... y es difícil expresar cómo me siento.
Mi cuerpo está enterrado entre la arena de un reloj; no pasan las horas, los minutos pesan, y también lo hago yo.
Cada segundo desde que te vi se siente como un eterno suspiro lleno de infinidad, de un espacio que sin ti se siente vacío.
El deseo que tengo por verte es cada vez más evidente, aunque irreal, porque no cabía en mi mente la idea lejana y diferente de contar de forma ferviente los días, horas, minutos, los segundos restantes... los restantes para verte.
Tu presencia me desentierra de la agonía del reloj, cuyo cristal se destruye al sentir tu calor, tu mirada, al escuchar tu voz, cuando te siento tan cerca y a todo le das color...
No tengo ni que pronunciar palabra, porque ¿cómo podría hablar al estar perdido en este deseo? El que me hace esperar... esperar para verte.
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