es tan triste, mal amor
dejaste la suciedad de tus uñas
sobre mi mesa
sabiendo que no me pertenecía
degollaste con intención
la pureza
la misma que por tu parte
al conocerme disfrazarías
y es tan triste, mal cariño
predecir tan fácilmente
tu cobardía
peor aún
ver crecer este vientre
preguntándome inútilmente
cómo es que vivir contigo mismo podrías
y no es rebeldía, mal sabueso
ni independencia lo que te guía
no te engañes
son sólo tus heridas
creadas desde los pequeños pétalos
viveza que alguna vez lucías
pero no has de entender
y qué más podría hacer
ignorante devoto
más que vivir solitaria
el futuro que desde ahora parpadea
sobre una habitación que no es la mía
porque lugar ya no tengo
alma en pena
sin embargo
las lágrimas sobre las almohadas
(que deberían de ser tus hombros
si alguna pizca de humanidad
en ti quedara)
me recuerdan que sigo mía
y que mi salvación siempre postergaría
si este pequeño
encandilante ser humano lo necesita
es entonces que me topo
con la dulce nostalgia de saber
alguna vez
que el amor sí existía
porque aún con el miedo
con las ganas de arrancar mi piel
y descaradamente lanzarme
sobre los placeres que al dolor
por momentos embellece y silencia
sigo viva, pobre tirano
viva en la búsqueda
en la necesidad
de la amarga lucidez
que algún día me enseñará
frente a mí crecerá
la razón de toda esta malherida
destinada injusticia
y cuando de su diminuta boca
nade la pregunta
y desde sus bellos párpados
nazcan lágrimas
yo allí estaré
pidiendo clemencia
para tu propia cruz
que en tus vacías, tristes manos
en vano acariciarás.
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