Completo pánico. Me vi a mí misma mirándolo con la certeza de que él vio mi mirada. No llegué a esconder mis ojos, ni fijar mi pupila en el pucho. No llegué a escapar del juicio, ni a decir un chiste malísimo para fingir que no lo estaba viendo como se mira a quien se quiere querer.
Lo miré como quien mira a un recuerdo.
Él lo vio. Sé que lo vio porque me miró con la mirada de aquel que cuestiona su estadía. Sé que se replanteó hasta dónde llegar. Pero sabe que disfruta de mi compañía. Sé que no entiende y se regocija en la incompresión de lo sabido, en el carpe diem y en el you only live once y en todas las frases hechas que se exclaman cuando uno es consciente de la finitud del momento.
Estoy cansada de lo efímero. Estoy cansada de la eternidad de un beso que sé finalizado. Estoy cansada de vivir en el recuerdo del calor de su mano.
Todos perseguimos la certeza con la fuerza de un credo religioso.Y yo dije amén sin tilde.
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