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PALIATIVO VENTANAL

Jun 8, 2026

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PALIATIVO VENTANAL
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Ciudad de Córdoba, Argentina.

30 de Marzo de 1993.


Para mi amada Maria,

Desde la camilla del hospital puedo ver el hermoso cielo nublado a través del gran ventanal, anoche hubo un diluvio y los árboles y arbustos respiran más verdes que nunca, lo siento en la brisa fresca que llega desde el pasillo y pienso cuántas formas y matices puede pintar la luz. Cada nuevo día que amanece un hermoso resplandor de rojo cálido baña mi rostro, casi como un recordatorio diario de que se me acaban los granos de arena en el reloj, o quizás el cansancio y la enfermedad esten dejando en evidencia mi naturaleza dramática que sólo encuentra hogar en las imágenes. Mientras tanto el canto del viento y los pájaros se mezclan con los ladridos de los perros y las voces de las repetitivas noticias, creando un delicioso colchón sonoro. Aunque junto con la lozanía maravillosa de la vida que respira fuera, también llegan hasta aquí los llantos ajenos de la muerte y los silencios de las esperas interminables en pasillos que se vuelven cada día más angostos y oscuros.

Te extraño tanto, mi dulce María. Sé muy bien que te gustaría estar aquí a mi lado, sosteniendo mi mano, acompañando mi pesar, y cuánto daría yo por escuchar una última vez tu voz leyendo poesía, narrando algún guión mientras el sonido de la cuchara rozando la porcelana anticipa un café cargado de charla.

Espero que sepas entender que en vísperas de mi propio final, no puedo hacer más que hablar de mi pasado y mi nostalgia, te pido disculpas si no tengo tiempo para ceremonias e interrogantes. Te cedo esa tarea a vos, mi jóven artista.

Estás últimas semanas no he parado de imaginar la sala de proyección abriéndose paso en ésta estéril habitación, como una magnífica transición; puedo sentir el frío metal del rollo en una mano y me doy cuenta, que sostengo el celuloide como a la vida: con un profundo amor y un enorme miedo a equivocarme. Escucho la maquinaria precisa del proyector, el silencio inicial de la gente cuando se baja la luz y luego... El oasis perfecto: esos segundos iniciales cuando corre la cinta, el murmullo de la nada gris y el inicio de lo desconocido abriéndose, convergiendo en un lienzo blanco, como un ventanal hacia otros mundos…

¿Me crees si te digo que aún me da cosquillas en la barriga la anticipación?

Las linternas tímidas y el barullo, los gestos de 'silencio', poder diagnosticar calvicie desde la sala con una sola mirada, la oscuridad diluyéndose, la realidad dándonos a luz nuevamente y los pochoclos sin comer que hay que limpiar después. Lo extraño todo. Todo se siente tan... tibio, vívido, como si solo hubiese sucedido un par de fotogramas atrás.

Ya que el recuerdo inundado de emociones y ésta escuálida sinceridad son lo único que me queda, te cuento entonces mi secreto, mi dulce María;

Nunca imaginé vivir tanto tiempo, de hecho viví toda mi vida a la espera de la muerte, contando los días como quien vive prisionero y solo espera salir, siempre a la espera de un giro argumental devastador. Y cuando finalmente comienzo a acostumbrarme a estar viva, a realmente disfrutar la vida, a proclamarla como MÍA, me toca cantar para el carnero. Me encantaría poder decirte que por buscar la rima segui de largo, pero aqui se termina el poema. Supongo que mi vida no puede terminar de otra manera, con una inesperada y graciosa ironía.

Aunque, como toda buena historia, debe tener una enseñanza final, y aquí está:

Jamás vivas en vilo, jamás esperes a nada ni a nadie para comenzar a vivir, para disfrutar cada día con intención y sin miedo, porque realmente no sabemos cuándo es el último, y quizás sea mañana. Ya se dijo mil veces, pero eso - más que desmerecerla- , hace de ésta enseñanza una verdad universal; la vida es una y es ahora.

Un último abrazo tuyo María y una última sonrisa, serían los créditos perfectos para cerrar ésta diegesis, sé que también te gustaría poder dármelos y eso ya es un gran consuelo, mi pequeña.

Si cuando llegues yo ya he partido, te pido algo muy especial, si no te molesta una última picardía: 

Que me visites en la sala de nuestro querido Cineclub, y desde tu butaca favorita donde descubriste todo lo que hoy amas del cine; cuéntame tus viajes, tus dolencias, tus ideas y todas tus maravillosas aventuras. Que no te quepa ninguna duda mi dulce niña: yo estaré sentada a tu lado escuchando atentamente.

Con inmenso amor, eres mi gran orgullo.

Tuya siempre,

Mamá.

Daviana Orlok

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