Hoy me enteré del veneno en tu carta,
de las líneas que leyó mi madre,
donde jurabas que yo no sería nada,
que moriría sin ti, en el desastre.
Pero estás equivocado.
Hace mucho que mi cuerpo te dejó atrás,
hace mucho que mi alma camina sola.
¿Crees que mis actos de los últimos meses
eran el eco de un amor que te implora?
Si me perdí, si di final a lo que fuimos,
fue porque necesitaba respirar.
Respirar en el único segundo libre
donde dejaste de hundir mi cabeza en el mar.
Tocar tierra es extraño,
después de tantos años en el agua.
Yo solo buscaba hacerme ver,
y al final tuve el valor:
apuñalar las manos que me ahogaban
para poder subir y sentir el sol.
Y aunque hubo bastante sangre,
no me digas que mi vida no vale nada
solo porque tus ojos ya no me miran,
solo porque tu mano ya no me atrapa.
El que maldice primero,
se hunde a lo lejos, en su propia trampa.
Te insulté,lo reconozco,
lo mínimo por el daño que causaste;
mientras te hundías en tu conformidad asquerosa,
yo elegí el silencio en el que te quedaste.
Me enteré de mil cosas y no volví,
te borré de mis días y de mi rutina;
sabía, incluso estando a tu lado,
que no serías quien cruzara mi línea.
No hables de valor, te daría vergüenza
saber lo rápido que se rompe tu imperio,
saber el peso real de tu ausencia,
ver caer lo que creías eterno.
Tú no tienes valor,
tú no puedes darme valor.
Porque yo no lo necesito,
Yo no necesito que me nombres para existir,
pero tú... tú te vas a ahogar en tu propia miseria,
rogando por el aire que me robaste,
mientras yo elijo, por fin, respirar sin ti.
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